martes, 6 de diciembre de 2016

El gran conjunto templario de Selinunte


Este gran conjunto de templos que hoy comentamos forma el conocido Parque Arqueológico de Selinunte, siendo este uno de los más grandes de Europa. Este conjunto, responde tipológicamente a recintos que ya hemos visto anteriormente como es el caso de Siracusa, y otros que nos hemos visto como Velia o Agrigento. Hablábamos en el caso de Siracusa de conjuntos templarios que eran colocado en una enorme zona escarpada que recibía el nombre de Acrópolis, término que llega a estas colonias de la madre patria. (LA TORRE 2015: 273). Pero lejos de ser solo el Acrópolis el único lugar donde se colocan los templos, Selinunte tiene un área sagrada que se divide en cuatro zonas: al sur, la Acrópolis y los escarpados acantilados que caen al mar; al norte, la colina de Manuzza, donde se hallada la ciudad propiamente dicha; al este, los templos denominados E, F y G, posiblemente dedicados a las divinidades de Hera, Atenea y Zeus; y al oeste, el santuario de Demetra Malophoros. De este modo encontraremos conjuntos templarios en diferentes ubicaciones, encontrando santuarios urbanos, periurbanos y extraurbanos, construidos en caliza local y aunque estén separadas estas zonas, ambas miran hacia el mar. 
Plano del Parque Arqueológico de Selinunte


Este complejo y toda la ciudad fueron destruidos por los cartagineses en el 250 a.C, pero a pesar de ello, las excavaciones han permitido sacar una enorme cantidad de restos y salvaguardar ricos edificios monumentales. El primer complejo que vamos a comentar es el del Acrópolis, el cual se haya en el borde suroriental de este escarpado lugar, siendo claramente el sistema templario más importante y complejo de la ciudad. (LA TORRE 2015: 283) Este espacio como ocurría en santuarios posteriormente comentado cuanta con una pared delimitadora, el témenos, ya creado antes del siglo VI a.C. Este muro según argumenta La Torre crea dos platéia (plaza), una en el lado sur del complejo, junto a los acantilados, y otro al oeste. Esta última platéia es donde se encontraban unos propileos monumentales que permitían la entrada al santuario. 

Fotografía aérea del recinto sagrado

 Los edificios más antiguos datan de finales del siglo VII, principios del VI, y se encuentran al norte de la platéia norte. En primer lugar, nos encontramos con un megarón, un edificio de planta estrecha y alargada (5, 32 por 17, 85 m), articulado con una cella de gran profundidad, con dos columnas de madera que se colocan en la zona central y dividen el espacio, tras esta naos se encontraría el ádyton.

 Los edificios principales de esta zona son dos grandes recintos perípteros, dóricos, denominados templos C y D. Ambos con una planimetría alargada, construidos en torno al 570-560 a.C y que parecen tener similitudes con el templo de Apolo en Siracusa. (LA TORRE 2015: 284)

El templo C tiene unas dimensiones de 23, 8 por 63, 75 metros, con un basamento de cuatro gradas. Tiene 6 por 17 columnas, dispuestas en doble hilera en la fachada. La construcción de esta pasa del monolito al sistema de tambores a medida que vamos progresando hacia el oeste. Siguiendo la tradición de los templos de Selinunte, encontramos una cella alargada son apoyo interno, precedida de un pronaos y con un ádyton posterior. El pórtico se encontraba cerrado por un par de puertas y el santuario presentaba un área de pavimentado realzado. (LA TORRE 2015: 284) Es interesante comentar los ricos decorados escultóricos que este templo albergaba y que hoy se encuentran en el Museo de Palermo, estas obras son un conjunto de metopas que albergaban temas mitológicos como Hércules o Cécrope, Perseo y Medusa o el carro de Apolo y Artemis. En cuanto al templo D, este es el más septentrional. Con unas medidas de 23, 5 por 55, 6, y tenía 6 por 13 columnas. Ambos edificios contaban además con un altar que estaba fuera del recinto sagrado, pero con contaban con grandes dimensiones.


Planta del templo C

Restos del templo C

Decoración del templo C
En cuanto a la parte sur del santuario, este tenía un edificio de tipo megarón arcaico (templo P), construido con una cella y un ádyton. Al norte de este encontramos el templo O, el cual es identificado como un templo períptero de época clásica, del que hoy solo conservamos los cimientos ya que es posible que este no se concluyera.

Sobre este, y con iguales dimensiones se encuentra el templo A, el más antiguos de los dos, construido en torno al a.C. Es una obra períptera, dórica, con unas dimensiones de 40, 31 por 16, 13 m, con 6 por 14 columnas. Cuenta además de pronaos y opistodomos, este último permitido por el acortado de la cella. En esta cámara trasera se han encontrado una serie de cortes que permitirían albergar un pedestal para una estatua.

 Como también hemos observado en otros recintos sagrados, los problemas de identificación de culto son extremadamente complicados. Esto se debe a que gran parte de los templos, han sido mutilados o su supervivencia es menos que unos pocos cimientos. Pero en ocasiones los fragmentos decorativos permiten al menos un acercamiento a las divinidades que allí se adoraban. Para reconocer las divinidades de los templos C y D los expertos se han ayudado de u conjunto de dinteles, triglifos, metopas, etc. Pero el hallazgo más importante que aclara este misterio de las atribuciones es el templo suburbano G. (LA TORRE 2015:285)

Este templo G, es iniciado a finales del VI a.C pero la construcción se abandonó en el 480 a.C Es uno de los más grandes de Selinunte y es conocido como templo de Apolo. Tiene unas dimensiones de 50 por 110 m. es de estilo dórico y períptero. La planta de este templo es compleja, con 8 por 17 columnas, cuenta con un pronaos al que se accede a través de dos columnas in antis que crean un triple acceso a la cella. Esta cella tiene dos líneas de columnas que parte en espacio en tres, siendo la nave central la que nos guía hasta el ádyton, mientras las otras dos crean espacios que permiten circundar el central. Finalmente es rematado con un opistodomos con dos columnas in antis. Esta parte posterior del templo, con una enorme zona para la estatua de culto, tiene como modelo el Dydimaion de Mileto. La Torre a demostrado que este templo, y en general este conjunto sagrado podría desempeñar una función de recinto sagrado urbano, al igual que en la zona del Acrópolis, ya que en la zona posterior se ha encontrado un naiskos (templete), en el cual se ha encontrado la inscripción de la victoria gracias a los dioses. De este modo el templo puede ser identificado con el Olympeion más que con el Apollonion. De este modo los santuarios de esta colina este, podrían desempeñar también una función primaria, habiendo sido dedicados a deidades tan grandes como Zeus y Hera. (LA TORRE 2015:287-89)
Diferencias entre planimetrias de Selinunte
Restos del templo G

En él se ha hallado una gran tabla, con una inscripción monumental que hace referencia a una victoria militar obtenida por la ciudad gracias al apoyo de Zeus, Fobos, Hércules, Apolo, Poseidón, Tindareo y Demeter. Las excavaciones llevadas a cabo en el siglo XIX del recinto del santuario han permitido establecer que el templo C pertenecía a la divinidad de Apolo y el D a la de Atenea, ambos presentes en la gran tabla y ambas deidades principales de los cultos griegos. Se le atribuye el megarón junto al templo C a Demeter, siendo los templos meridionales (A y O) obras dedicadas a Poseidon y los Dioscuros. (LA TORRE 2015: 285)

Este templo alejado del Acrópolis no se haya solitario, sino que junto a él está el templo F, que forma con el G y el E un conjunto templario triple. El F ocupa la cara oriental de la colina donde se encuentran, siendo también el más antiguo de los tres, fechado entre el 560 y el 540 a.C. Su estilo es dórico y períptero, con unas dimensiones de 61, 84 por 24, 43 m y con 4 por 14 columnas. Su planta tiene similitudes con el templo C con una doble hilera de columnas en la parte delantera. El interior es alargado y estrecho, con pronaos y ádyton cubriendo el este y oeste de la cella.  Se han hallado a pesar de estos bastante dañados restos de metopas que representan a dioses enfrentándose a los gigantes. 

El último de los templos suburbanos de este complejo es el tempo E, el templo de Hera. Antes de este templo se hallaba otra que fue destruido según argumenta La Torre (LA TORRE 2015: 287) alrededor del 510 a.C. La construcción hoy visible es un poco más grande que la primeriza, construida en el periodo proto-arcaico, entre el 470-460 a.C. Se trata de un templo períptero, de 6 por 15 columnas, de 25, 32 por 67, 73 m. Su planta, como de costumbre es alargada, con pronaos y opistodomos. En sus pórticos se han hallado cinco metopas realizadas en piedra caliza con la representación de parejas mitológicas como Zeus y Hera o Hércules y las Amazonas. Este templo, como su predecesor, fue víctima de una catástrofe natural, un terremoto lo derrumbo hasta que en los años 60 fue levantado mediante el procedimiento de la anastilosis.


Templo de Hera

Decoración de unas de las metopas














     


Antes de acabar con este complejo compendio de recintos sagrados, debemos hacer mención al santuario de Malaphoros, un santuario extraurbano. Este santuario es asimilado por los griegos con Demeter, la diosa de la fecundidad. El desarrollo del recinto también tiene un témenos de 3 m de altura. Su entrada eran unos propileos, que daban paso a un templo que era un megarón con pronaos, cella y ádyton. Dentro de este recinto sagrado, como en la Acrópolis, se ha encontrado un altar de gran tamaño donde se realizaban los sacrificios. En este se han encontrado un conjunto de doce mil estatuillas votivas realizadas en terracota pertenecientes a varias épocas y que son representaciones femeninas. 
Fotografía aérea del santuario de Malaphoros

Plano del santuario de Malaphoros


Sin duda alguna, este recinto sagrado de Selinunte es el más grande y complejo de los vistos hasta ahora en este blog. En el podemos observar como en los otros un proceso evolutivo de los templos, pasando del megarón arcaico a obras claramente clásicas donde albergamos edificios con pronaos, cella y opistodomos. Nos ofrecen así una visión constante de la evolución que están sufriendo las estructuras sagradas no solo en estas colonias de la Magna Grecia, sino en todo el mundo griego.  

Alejandro Sastre Laso

Bibliografía: 
  • ·         LA TORRE. G., Sicilia e Magna Grecia, Archeologia della colonizzazione greca d´Occidente, Laterza, Roma, 2015. 

La plata de Seliunte ¿Símbolo de su éxito económico?

En entrada de esta semana, como es costumbre, trataré de mostrar la economía e importancia de Seliunte, ciudad que destacó especialmente al ser una de las primeras colonias en iniciar su propia emisión monetaria, también se intentará mostrar si estas famosas monedas de plata son el gran ejemplo de su peso comercial o si bien la arqueología puede mostrarnos más y mayores evidenicas. En este  caso seguiré la linea de investigación de De Angelis abierta en Megara Hyblea y que continuó en Seliunte la cual resulta una de las más innovadoras y basadas en los datos arqueológicos tratando de alejarse de la tendencia historiográfica en las fuentes clásicas.

Una de las fortunas de Seliunte fue la interesante disponibilidad de materiales de construcción  en su territorio, algo que reducía notablemente los costes de todo tipo de construcción, especialmente las publicas que exigían materiales de buena calidad en grandes cantidades. En la actualidad se han identificado hasta cinco canteras en su territorio[1]. Tan solo el mármol debía ser importado, por los estudios materiales sea determinado que este muy probablemente provenía de la zona del Egeo, de las canteras de Éfeso o las de Paros. Este empezó a importarse hacia finales del s. VII a.C. y principios del VI a.C.

Chora de Seliunte según los estudios de De Angelis (De Angelis  2003, 213)

Se han localizado diversos centros artesanales que demostrarían el potencial económico de Seliunte. Se conocen bastante bien las producciones cerámicas de la colonia la cual se iniciaría hacia el ultimo cuarto del siglo VII a.C. Estas destacan por su colores amarillentos, crema y verdosos, produciéndose una gran variedad piezas cerámicas, terracotas y estatuillas. Todas estas de buena calidad tanto cerámica como artista (muchas se decoraban) aunque destinadas a abastecer el consumo local y de su área de influencia (De Angelis 2003, 184).

También se denota una notable producción metalúrgica local que, según De Angelis, denotarían un claro ejemplo de la participación comercial de Seliunte más allá de su área de influencia, alcanzando los intercambios comerciales Centro-mediterráneos. El material más trabajado sin lugar a dudas es el bronce, utilizado para estatuillas, vajilla, fíbulas, joyería, armas y herramientas. El hierro también fue muy utilizado aunque muy especializado en armas y herramientas. Cobre y oro también se utilizaron aunquecon menor frecuencia.
Pero sin lugar a dudas el material que más interés y debates académicos ha generado es la plata, fue utilizada para joyería pero será su uso en monedas el que genera más interés ya que Seliunte es, junto a Himeria, la ciudad que adopta más tempranamente el sistema monetario en toda Sicilia y la Magna Grecia[2].
Didracma (8,56 g) de Selinunte, datada hacia los años 530-500 a.C.

Incluso la fecha es muy discutida, mientras que algunos autores como Milne la sitúan alrededor del año 600, últimamente se cree que la fecha debe rondar el 550-530 a.C. aunque De Angelis ya advierte de que no hay suficientes evidencias y ni si quiera se ha profundizado en el estudio de las monedas de Seliunte lo suficiente como para indicar una fecha tan definitiva. De hecho llega a cuestionar también parte de las teorías sobre el objetivo de la acuñación salentina, aunque la teoría de que era para poder efectuar pagos de grandes importaciones el caso de Seliunte se enfoca bastante en que fue para la importación de materiales para la construcción de los templos, pero De Angelis afirma con gran acierto que debió ser un contexto económico mucho mayor y más allá que la simple construcción de unos templos (De Angelis 2003, 158).

Dunbabin, siguiendo la línea más clásica y filológica cree que la primigenia adopción de Seliunte del sistema monetario se debe al fácil acceso por proximidad de las colonias occidentales a la plata sur-ibérica que recorría las rutas comerciales del Occidente Mediterraneo y, por lo tanto teniendo acceso a grandes cantidades de plata de bajo coste traída por los fenicios. Sin embargo, a pesar de que se ha confirmado el origen ibérico de la plata a través de diferentes análisis, esta teoría se ha abandonado con el tiempo por la falta de evidencias arqueológicas y sobre todo por la falta de justificaciones lógicas para el uso de la moneda a nivel económico.

La propia iconografía de las monedas ha sido interpretada como una evidencia iconográfica de la económica local. La hoja de apio es interpretada no solo por la abundancia de este en la región, sino porque probablemente también ejerció un importante papel dentro de las producciones agropecuarias y los intercambios comerciales (misma interpretación dada a las espigas en algunas monedas sicilianas, diciéndose que no es más que un reflejo de la anterior gran moneda de intercambio antes de las acuñaciones), aunque en el caso del apio probablemente fue por su relevancia en las plantaciones y en el paisaje local. Los bueyes no solo han sido interpretados como la fuerza de trabajo e importancia de las actividades agropecuarias (De Angelis además resalta que el paisaje de Seliunte era perfecto para el mantenimiento de estos animales[3]) sino también como motor y fuerza de trabajo destacable en las construcciones de los templos (De Angelis, 2003: 185-187).



Diferentes emisiones salentinas donde aparece la figura del buey en  diferentes contextos. En la primera imagen un didracma (8,19 g.) datada entre 450-440 a.C. ; en la segunda un tetradracma (16,97 g) datado entre el 470-450 a.C.

La abundancia de cerámica y objetos no solo corintios y áticos, sino también de otras regiones de la Grecia Occidental además de notables restos etruscos (especialmente metálicos) y algunos fénicos (muy por debajo de los etruscos) sitúan a Seliunte como un puerto de referencia y con el que probablemente salía rentable comerciar, algo que la riqueza material desvelada por la arqueología en la ciudad y necrópolis confirma (De Angelis, 2003: 189-191). Además las monedas salentinas se han encontrado más allá de los puertos sicilianos, alcanzando polis tan destacables como Tarento, Metaponto, Kaulonia, Krotona y Terina, y, sorprendentemente en varios tesoros en Iberia (Dunbabin 1968: 326), confirmándose así un participación activa de las mercaderías y productos salentinos por las redes comerciales griegas.

Igualmente, la artesanía local no se benefició solo del comercio marino, de hecho, se han encontrado numerosos restos cerámicos de Seliunte en diferentes partes de la isla y en zonas y necrópolis de nativos sicilianos.

Seliunte, en definitiva, fue una ciudad con una gran riqueza agropecuaria que destacó por su diversas variedades de trigo, sin embargo la riqueza de la ciudad no provino solo por la oferta de este en el mercado como algunos académicos como Dunbabin solían defender (Dunbabin 1986: 221). Con la arqueología se ha desvelado un gran potencial artesanal, la función de la ciudad como nodo comercial y la destacable presencia de las mercancías salentinas en los puertos griegos en occidente y a través de las redes comerciales occidentales, una actividad comercial que sin duda alguna repercutió en un aumento de la riqueza de la colonia. Esta destacable presencia comercial ha iniciado un interesante debate respecto a cuan activa fue Seliunte en este comercio, llegando a teorizarse la existencia de unos mercaderes intermediarios los fenicios y sus enclaves comerciales y la Magna Grecia, llevando a los puertos coloniales griegos mercaderías de occidente; una teoría que aunque discutida, el mismo De Angeli afirma que tampoco se puede rechazar por completo aunque, sin duda alguna, son necesarios más estudios e investigaciones para comprender por completo el origen de la riqueza de Seliunte.



[1] La cantera de la llanura de Manuzza, la cueva de Barone (a 4km de Baglio Cusa), La Roca (o cueva) de Cusa (al sur de Campobello de Mazzara), la Cueva de Belice y Misilbesi, siendo esta ultima la más apreciada, utilizándose para metopas y esculturas. DE ANGELIS (2003): 183-184.
[2] Moneda de plata de unos  4,15 gramos.
[3] DE ANGELIS (2003):186-187


Bibliografía:

-DE ANGELIS, F. (2003): Megara Hyblaia and Selinous. The Development of Two City-States in Archaic Sicily. Oxford University School of Archaeology, Monograph 55, Oxford.

-DOMINGUEZ-MONEDERO, A. (2006): "Greeks in Sicily", en G.R. Tsetskhladze (ed.) Greek Colonisation. An Account of Greek Colonies and Other Settlements Overseas. Vol. I. Leiden. 253-357.

-DUNDABIN, T.J. (1968): The Western Greeks: The history of Sicily and South Italy from foundational of the Greek colonies to 480 B.C, Oxford Universiy Press, Oxford.



Carlos Palacín Copado

Selinunte: la hermana pequeña de Mégara Hiblea

Sobre una suave colina a orillas del mar se asentaron los colonos procedentes de la ya citada en el blog Megara Hyblea, cuyo origen mi compañera Cristina Rubio ya ha detallado extensamente en su entrada. A priori no era un emplazamiento natural muy bueno, pero los colonos griegos fijaron su vista en lo que después sería Selinunte gracias a su extenso terreno disponible para la explotación agrícola y por la presencia de un puerto.
Como sucedía con otras colonias, convivieron en un primer momento con el poblado sicano de la Manuzza, que acabó difuminado bajo la influencia griega, llegando los colonos a establecer uno de sus primeros cementerios en el antiguo asentamiento indígena (Boardman, 1983: 191). 


Vista aérea de la acrópolis de Selinunte, sobre la colina que dominaba la costa. En la imagen se distingue muy bien el templo dórico urbano de grandes dimensiones que aún queda en pie en la acrópolis. Fuente: http://www.sicilyincoming.com/selinunte.html


Reconstrucción realizada por Gustave Fougères en 1910.
Fuente: Wikipedia.



Existieron varios cementerios con numerosas tumbas, donde se hallaron mutltiud de objetos de ajuar, especialmente estatuillas y cerámica. La explotación agrícola permitió que la ciudad se enriqueciera rápidamente, lo que propició su expansión desde el s. VI a.C., momento a partir del cual se conoce un entramado urbano regular. La morfología del territorio, la colina emplazada entre el río Medione -antiguo Selinus- y el Gorgo Crotone, condicionaba que la ciudad se dividiera en dos grandes zonas, la noroccidental y la suroriental, que se estructuraron según los mismos principios urbanísticos (Mayer, 1998: 106), quedando al sur la acrópolis amurallada. Según cálculos demográficos, la ciudad podría haber alcanzado la cifra de 80.000 habitantes (http://www.selinunteservice.com/parco_inglese.htm), o incluso 200.000 (http://www.selinunteservice.com/parco.htm), cifra que personalmente considero exagerada, pero que implica una compleja organización para el funcionamiento de la vida urbana, por lo que es comprensible la gran extensión que tiene el yacimiento, que se convierte en uno de los más extensos de Italia.

En un primer momento, comprendido entre el 650 y el 600 a.C., las primeras evidencias eran eminentemente domésticas y religiosas; las primeras halladas entre la colina de Manuzza y la acrópolis, y aunque las excavaciones han sido parciales, son muy similares a las halladas en Mégara Hiblea, de unos dos metros de alto y alineadas perpendicularmente a las manzanas, además de abiertas a un patio hacia el sur. En una segunda etapa comprendida entre el 600 y el 550 a.C. se levanta en piedra el templo a Deméter Malóforos, y a unos 300 metros al NE del templo de Deméter se levantó el llamado Templo M, fechado hacia el 560 a.C. Un tercer periodo se establece entre los años 550 y 500 a.C., momento en el que empieza a construirse la muralla de la ciudad, que seguía el lecho del río Cotone a una distancia de entre 30 y 100 metros. La cara interna fue construida con bloques de pequeños tamaño, y un camino pavimentado de 6,5 metros de ancho conectaba el interior de la muralla. Solo dos accesos fueron descubiertos por las excavaciones: dos torres semicirculares flanquedas por puertas dobles. Por último, la etapa entre el 500 y el 450 a.C. se caracteriza por la construcción de dos templos muy similares a los construidos en los siglos anteriores en la acrópolis, el Templo A y el Templo O. Por su parte, el Templo E empezó a tomar forma en la colina de Marinella. (De Angelis, 2003: 128-138).
Las manzanas del entramado urbano tienen planta rectangular, teniendo una anchura media de 32,8 metros, que equivalen a 100 pies dóricos; unidas entre sí mediante calles pavimentadas de dimensiones ligeramente superiores que las calles del plano urbano griego normal. De esta manera, el espacio fue poco a poco ocupado por edificios de cada vez mayor monumentalidad, sobre todo a partir del s. VI, especialmente visible en el área sagrada de la acrópolis y en el ágora de planta trapezoidal aún no identificada (Domínguez Monedero, 2006: 303).
Planta de Selinunte. Se aprecia muy bien el sistema de stenopos y plateias que articula la ciudad y la organiza. Asimismo, se representa cómo debía ser el ágora, basándose en el modelo de la metrópolis, Mégara Hiblea, de planta trapezoidal. Fuente: De Angelis, 2003: 129.
Se presupone que el ágora copiaba la planta de aquella que vimos la semana pasada en Mégara Hyblea, su polis de origen, que era de forma trapezoidal para adaptarse a la topografía, pero no se ha identificado aún su emplazamiento seguro, aunque se presupone entorno a la colina de la Manuzza.
Las defensas de la ciudad han sido descubiertas en las últimas décadas de excavaciones, dejando al descubierto las murallas que “delimitaban el área urbana más baja a lo largo de los ríos y han inducido a calcular la superficie de la ciudad en unas cien hectáreas” (Mayer, 1998: 106). La protección de la ciudad habría sido completada posteriormente por dos cuencas portuarias que ocupaban parte del valle, pero que debido a los estudios de paleocosta, se ha descubierto están actualmente bajo la arena. La puerta norte, que discurría N-S hasta la acrópolis, es la mejor conservada.

Respecto a la actividad religiosa, existían templos tanto urbanos como extraurbanos, que seguían igualmente la planificación y ordenación del resto de la ciudad. El área sacra se hallaba dividida en varios recintos sagrados denominados temenoi, destacando el santuario de Deméter Maloforos, de donde proceden muchos de los datos sobre el arte colonial griego. Al igual que en los contextos funerarios, la cerámica hallada en este recinto es corintia al principio, siendo paulatinamente sustituida por la cerámica ática en el segundo cuarto del s. VI, aunque también hay hallazgos de otros materiales orientales (espartanos, rodios e incluso un vaso orientalizante fechado en el s. VII a.C., de los primeros momentos de la ciudad).

En el 409 a.C., sin embargo, la ciudad sufrió un duro revés debido al asedio cartaginés propiciado por la enemistad de Selinunte con Segesta, que pidió ayuda a los púnicos contra su rival. Tras un duro asedio, la ciudad es destrozada y sus habitantes masacrados y expulsados, aunque en el 408 a.C. es reocupada por Hermócrates de Siracusa, dotando a la ciudad de nuevas defensas. Desde entonces se convirtió en un emplazamiento disputado entre Siracusa y Cartago, lo que propició el refuerzo del sistema defensivo de la ciudad, compuesto por un sistema de fosos, caminos de ronda y una batería de varios pisos defendida por torreones para la artillería. Un nuevo asentamiento púnico se instaló sobre el antiguo nivel colonial durante la dominación púnica, hasta que en el 250 a.C. la ciudad fue abandonada definitivamente en vísperas del estallido de la Primera Guerra Púnica, trasladándose la población a Lilybaeum (Mayer y Rodà, 1998: 108).

Puerta norte de la fortificación que protegía la acrópolis. Se observa muy bien cómo los sillares han sido perfectamente tallados y colocados a hueso, creando una estructura defensiva  de gran tamaño. Fuente: Panoramio (M.A. Mato)
Tiempo después fue esporádicamente ocupada en época bizantina, árabe (fortificación en el s. IX) y en época Suabia, hasta que en el Renacimiento la investigación empezó a fijarse en el potencial arqueológico de Selinunte. Pero fue la Escuela Francesa la que redescubrió la ciudad arcaica y clásica, gracias a las excavaciones y la fotografía aérea (De Angelis, 2003: 132).

Bibliografía

-De Angelis, F. (2003):  Megara Hyblaia and Selinous : the development of two Greek city-states in archaic Sicily, Oxford: Oxford University School of Archaeology.

-Domínguez Monedero (2006): "Greeks in Sicily", Greek Colonisation. An account of greek colonies and other settlements overseas, vol. 1, pp. 253-259.

-Mayer, M., Rodà, I. coords. (1998): Ciudades Antiguas del Mediterráneo, Barcelona: Lunwerg Editores.

Recursos Web


María Ruiz Vega

domingo, 4 de diciembre de 2016

Selinunte: la colonia griega más occidental de Sicilia

Esta semana trabajaremos la área más occidental de Sicilia. En las sucesivas entradas hablaremos de los diferentes aspectos que caracterizaron a la apoikia de Selinunte, colonia con la que finalizaremos nuestro recorrido por los establecimientos que los griegos realizaron a lo largo de la isla. Dicha apoikia, al igual que Mégara Hiblea, se singulariza por ser una de las colonias griegas mejor conocidas desde el punto de vista urbanístico, ya que arqueológicamente ha sido muy estudiada, lo que la ha convertido en un ejemplo indispensable en lo que se refiere al estudio del periodo arcaico, aspecto que ampliara en su entrada mi compañera María (Menéndez 2003: 55).

Selinunte es la colonia griega más occidental de Sicilia, se encuentra emplazada en el extremo suroeste de la isla, la cual junto a la apoikia de Himera, situada en la costa septentrional, fue uno de los establecimientos griegos más fronterizos del lugar.  La nueva colonia se extendió a lo largo de tres terrazas calcáreas, no muy elevadas. La ciudad ocupó una superficie de alrededor 180 hectáreas, la cual estaba dispuesta perpendicularmente a la costa, que delimitaba la ciudad por el sur junto a la colina de la acrópolis. Por la zona norte estaba limitada por la colina de Manuzza, mientras que por el oeste por el rio Modione (conocido como el rio Selinos) y por el rio Crotone por el este, en cuya desembocadura  había dos grandes bahías que sirvieron como puertos. La zona habitable es la que se corresponde con la parte central entre el espacio acotado por los dos ríos y las dos colinas. También, se expandió hacia el interior a lo largo de la franja costera, donde las colinas se inclinaban hacia una vasta llanura, en donde se estableció la chorai  de Selinunte (Boardman 1975: 191; Cerchiai 2004: 261 – 264; Menéndez 2003: 57).

Localización de Selinunte
(https://www.google.es/maps)
Era un territorio colindante con los élimos, y en el interior con las áreas controladas por los sicanos, los cuales eran los dos pueblos indígenas que habitaban esta área occidental de Sicilia, con los que Selinunte mantuvo relaciones amistosas e intercambios, como demuestra un pacto de epigamia, que autorizaba el matrimonio entre los habitantes de las dos ciudades, aunque asimismo se produjeron etapas de conflicto. Además,  fue una región  que tuvo un estrecho contacto con los territorios fenicios y cartagineses, estas relaciones se caracterizaron por ser cordiales, debido a los intereses económicos que tenían ambas partes. Su posición fronteriza y las buenas relaciones y alianzas que en un primer momento tuvo con los diferentes pueblos fueron la clave de su desarrollo e hicieron que disfrutara de una red comercial, en la que ofrecía a cambio el excedente de producción de cereal de su fértil territorio. Su carácter fronterizo y estratégico en la costa sur de la isla siciliana, fue un aspecto decisivo en la evolución de la apoikia, determinando incluso su destrucción en el 409/8 a.C. a manos del ejército cartaginés  (Cerchiai 2004: 256 -258; Menéndez 2003: 55 - 56).

Seguidamente, la fundación de Selinunte fue el resultado de un acto político que contaba con la aprobación del estado megarense y con el consentimiento de su metrópolis, Mégara Nisea, que fue la encargada de enviar al oikistes, ante la petición de los megarenses de un guía para realizar la expedición, debido a la necesidad de Mégara Hiblea de asignar lotes agrícolas a los aristócratas que carecían de ellos. De esta manera,  el movimiento colonial fue realizado por megarenses  procedentes de la apoikia de Mégara Hibela  junto a un grupo de colonos griegos originarios de la región de Mégara Nisea, los cuales fueron dirigidos a su nuevo territorio, Selinunte, por el oikistes  Pammilos. Además, es una colonia que tomó su nombre de una planta endémica de la zona, el selinos (perejil), vegetal que apareció representado como emblema en las monedas de la ciudad (Boardman 1975: 192; Cerchiai 2004: 256; Domínguez 1989: 362; Guzzo 2011: 188).

Representación del selinos en las monedas de Selinunte
(Boardman 1975: 19)
En cuanto al porque la ciudad de Mégara Hiblea decidió establecerse en un territorio tan alejado del suyo, en la zona más occidental de Sicilia, no es una acción casual. Diversos autores, consideran que fue un hecho generado por las limitaciones que presentaba su región, debido a que era un área limitada por Siracusa en el sur, ciudad que había iniciado su expansión por la zona suroriental, lo que hacía totalmente imposible la creación de un nuevo establecimiento en esta área. En la parte norte estaba limitada por Leontinos y era el lugar donde los calcídicos estaban fundando Himera, cosa que tampoco les permitió a los megarenses fundar su colonia, y la barrera rocosa que circundaba el golfo de Augusta, el cual posiblemente estaba ocupado por poblaciones sículas, son los hechos que impidieron a los megarenses establecer su nueva apoikia cerca de su región, ya que no pudieron extender su territorio hacia el interior (Domínguez 1989: 363). 

En cambio, hay otros especialistas que afirman que los colonos se asentaron en Selinunte, debido a que era una región que cumplía con todo los requisitos necesarios para cubrir las necesidades que presentaba la población megarense, ya que es donde había buenas tierras fértiles, cosa que debió poner fin a la escasez de cultivo que estaba sufriendo la metrópolis. Además, era una región que presentaba otros aspectos favorables para el establecimiento de una población, tanto por el hecho de tener puertos, lo que facilitó las actividades comerciales, como por ocupar un espacio fronterizo que permitió el contacto con otras culturas (Domínguez 1989: 363; Menéndez 2003: 57).


Ubicación de Selinunte respecto a Méggara Hiblea
(Cerchiai 2004: 12)
Por otro lado, en lo que se refiere a la cronología, como es frecuente y se ha podido observar a  lo largo de las entradas anteriores, las fuentes clásicas principales que hacen referencia a las  fundaciones de las colonias no presentan siempre un consenso y el caso de Selinunte no es una excepción, para la que se barajan dos fechas de fundación. Por un lado, Diodoro (XIII, 59, 4) afirma que fue una ciudad  fundada 248 años antes de su conquista por parte de los cartagineses. Es el que establece la cronología alta, datando el origen del asentamiento hacia el 650 a.C. En cambio, Tucídides (VI, 4,2) considera que se erigió por parte de los colonos megarenses 100 años después del establecimiento de Mégara Hiblea, lo que significa que la nueva apoikia presentaría una fecha de fundación entorno al 628-7 a.C. (Domínguez 1989: 361; Menéndez 2003: 56).

Generalmente, la fecha más aceptada por parte de los especialistas que estudian esta colonia es la cronología alta, la presentada por Diodoro, ya que es la que más concuerda con los resultados aportados por las intervenciones arqueológicas, las cuales muestran que el material más antiguo de origen griego recogido en la colonia de Selinunte se data alrededor del 635 a.C., lo que establecería la presencia griega hacia finales del s. VII a.C. (Cerchiai 2004: 256; Domínguez 2001: 20;  Menéndez 2003: 56 -57).

Finalmente, hay que tener en cuenta que la cronología de Diodoro es la fecha más admisible, pero no la aceptada unánimemente, ya que  hay autores que dan por buenas ambas fechas, los cuales justifican que la datación alta, atendiendo a los hallazgos arqueológicos, es la que se correspondería con un fase preliminar de coexistencia entre grupos indígenas y griegos, mientras que la segunda fecha se correspondería con un segundo periodo en el que destacaría el predominio griego y sería el momento de la fundación efectiva del asentamiento. Todos estos planteamientos demuestran la incertidumbre que gira alrededor de esta cuestión, de la que es complicado establecer una resolución definitiva al respecto (Domínguez 1989: 361 – 362; Menéndez 2003: 56 -5).

Bibliografía

Boardman, J. (1975), Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Madrid.

Cerchiai, L.; Jannelli, L.; Longo, F. (2004), The Greek Cities of Magna Graecia and Sicily, Los Ángeles.

Domínguez Monedero, J.A. (1989), La colonización Griega en Sicilia. Griegos, Indígenas y Púnicos en la Sicilia arcaica: Interacción y Aculturación, tomo II, Oxford.

Domínguez Monedero, J.A. (2001), La Polis y la expansión colonial griega (siglos VIII-VI), Madrid.

Guzzo, P.G (2011) Fondazioni greche. L'Italia meridionale e la Sicilia (VIII e VII sec.a.C.). Roma.


Menéndez Varela, L.J. (2003) Consideraciones acerca del origen y la naturaleza de la ciudad planificada en las colonias griegas de Occidente,Oxford.

Recursos digitales

https://www.google.es/maps

Cristina Rubio Vicens 

El santuario de Megara Hiblea, las excavaciones de Paolo Orsi.

Los descubrimientos de esta zona se remontan al 1952, cuando Paolo Orsi comienzan las primeras excavaciones en la que cree es la zona sagrada, el santuario. Se habían realizado escritos sobre esta zona de Megara Hiblea en 1976, pero hasta las publicaciones que realizaría Orsi, las interpretaciones sobre cómo sería el lugar eran bastantes superficiales, de modo que los hallazgos de Orsi permiten proyectar algo más de luz sobre unas exploraciones que hasta ese momento eran muy profundas.
La ubicación del santuario se localizó en la parte occidental de la meseta norte, cerca de las vías de circulación y una fortificación arcaica al oeste, próxima a los límites de la casa del notario Vinci, erigida en 1858. (VV.AA 2004: 303)


·         Las excavaciones del templo A:
Orsi efectuó numerosas campañas en la zona del santuario, estas fueron realizadas desde la primavera de 1917 hasta el 1918-20, redactando tras sus descubrimientos una publicación para Monumenti Antichi en 1921 y que fue publicada en 1922. Orsi distinguió dos estructuras dentro del ya conocido témenos: el templo A colocado al sur y el templo B al norte.
El primer templo, el llamado A, se sitúa a 100 m de la casa Vinci. Las excavaciones llevadas a cabo por Orsi en este momento ya gozaban de un método más elaborado por lo que estas tuvieron unos mejores resultados. De los sondeos llevados a cabo por Orsi se tiene constancia: realizando fosas rectangulares de 5 metros de largo y 2 de ancho, y que orientadas norte-sur, permitieron conocer la localización del templo. El primer sondeo permitió a Orsi conocer el espesor de los muros, el segundo, de sección norte-sur ayuda a conocer las dimensiones de la cella. Fueron constantes los sondeos de realizo Orsi, llegando a un total de 10, reconstruyendo de esta forma los límites del templo y conociendo también el interior de este. (VV. AA 2003: 309-10)
Orsi vio que el templo era de grandes dimensiones (41, 40 x 17,55), con una orientación este-oeste. Una vez en el interior nos encontramos con una nao de (28,40 x 7,75 m), distinguiendo antes de ello la pronaos. A partir de estos datos y los obtenidos durante las simultaneas excavaciones, Orsi restituyo un templo períptero, hexástilo y con 15 columnas, las cuales llegaban a tener un diámetro de 1,40 m. (VV. AA 2004: 310-11), de las cuales no queda ninguna in situ ya que el templo ha sido expuesto a sucesivos expolios.
Orsi también decidió indicar los diferentes elementos recogidos que provenían del recinto y que parece ser eran partes de terracota que decoraban la parte superior del templo y su coronamiento. Entre ellas encontramos:
  • ·         Elementos provenientes de la cornisa.
  • ·         Fragmentos de gárgolas.
  • ·         Fragmentos de animales voladores.
  • ·         Fragmentos de tejas.
  • ·         Fragmentos en los que aparecía una Gorgona.

Pero Orsi tras esa publicación sobre los hallazgos del primer templo, verifica la posible existencia de un templo B en la zona norte del temenos.

·         Las excavaciones del templo B: edicola o templo.
Este templo fue hallado por Orsi al norte del templo A. Este segundo templo, en comparación con el primero que hemos comentado supuso gran cantidad de problemas a las excavaciones de Orsi, ya que en un primer momento esta estructura fue abordada como una edicola, e incluso Orsi como veremos no llego a dejar claras sus hipótesis de si era una edicola o un templo. Orsi llevo a cabo nuevas excavaciones, las cuales empezaron en 1917, en esta primera excavación Orsi encontró un conjunto de bloques, los cuales podían demostrar la existencia de una construcción anexa al templo A. Orsi piensa en primer momento como dijimos en una edicola cuya presencia cercana a este templo se podría deber a que era una habitación para el sacerdote o que tendría la función de un tesauro. En un primer momento desarrollo la primera hipótesis del tamaño del edificio, una estructura colocada perpendicularmente al templo A, con una medida de 20,70 norte sur y 8,60 m este-oeste. (VV.AA 2004: 314)
Orsi en 1921 lleva a cabo nuevas prospecciones en el mismo lugar, llegando al fin a sacar toda la estructura de la planta a la luz, la cual dejo de mostrarse como un edicola sino como un recinto templario, mostrando un interior que comprende pronaos, nao y opistodomos. Aunque esto no quedo del todo claro.
Pero tras el completo descubrimiento del recinto, las hipótesis sobre su forma y espacios interiores se dispararon, sin conseguir llegar a buen puerto en un primer momento. Se pasó de una estructura ligeramente trapezoidal a uno rectangular con un espacio en 1921, dos en 1922 y finalmente 3 en 1954, espacios que fueron comentados por otros excavadores, perturbando así la inicial hipótesis de Orsi de 1921 en la cual argumentaba que se trataba de un templo, algo que decepciono profundamente a Orsi. (VV. AA 2004: 316) Orsi finalmente argumento que esté nuevo material descubierto podía ser perteneciente a la destrucción de nuestro primer recinto completado. Orsi no consiguió demostrar la existencia de un segundo templo, pero con el tiempo su hipótesis parece haber sido permitida y aceptada, permitiendo ver tras las nuevas restructuraciones y hallazgos votivos que si se trataba de un recinto sagrado. (VV. AA 2004: 326-32)

Alejandro Sastre Laso

Bibliografía:

  • ·         VV. AA, Megara Hyblaea 5, La ville archaique, École Française De Rome, Roma, 2004.