sábado, 19 de noviembre de 2016

Arqueología Siracusana

Al igual que en otros ejemplos de colonias que hemos visto con anterioridad, los corintios que llegaron a Sicilia se asentaron próximos a un asentamiento indígena anterior, que fue rápidamente sustituido por la fundación griega, debatiéndose aún el carácter violento o pacífico de este desplazamiento poblacional. Se cree que la calle que cruzaba la isla de Ortigia de norte a sur, descubierta por una excavación moderna, podía ser de construcción indígena (Domínguez, 2006: 272). La expansión inicial por el territorio ya ha sido tratada por mi compañera Cristina Rubio, de manera que se procederá a continuación a resumir el desarrollo arqueológico de la ciudad con el paso del tiempo.
Imagen 1: Topografía de Siracusa. Se señalan tres de los cuatro barrios que acabaron por componer la polis: Ortigia, Acradina y Neápolis, con los restos romanos de la posterior etapa romana de la ciudad. Fuente: Domínguez, 2006: 273.
Tras haberse instalado tanto la isla de Ortigia como en tierra firme, y haber conectado ambos asentamientos mediante un terraplén y un puente (Mayer y Rodà, 1998: 114), los griegos expandieron su área de actuación, quedando el territorio delimitado en los siglos VII-VI a.C, por las necrópolis del Fusco y la necrópolis al norte del barrio de Acradina, el primitivo asentamiento en tierra firme. El tipo funerario revela una influencia corintia, ya que se utilizaron sarcófagos de piedra y la cerámica más antigua es también de origen corintio, siendo el tipo más popular de la necrópolis (Boardman, 1983: 182). Los elementos de ajuar hallados durante las excavaciones revelan que los primeros habitantes no tenían un alto nivel económico, y que es a partir del s. VII a.C. cuando se produce un cambio sustancial en el valor del acompañamiento funerario. De la primera etapa se conocen algunas casas de planta cuadrangular de 3,5 x 3,5 m fechadas a finales del siglo VIII, organizadas entorno a calles de entre 2,5 y 3 metros de ancho, presumiblemente construidas ya en el s. VII a.C. Este tipo de viviendas son muy similares a algunas halladas en otras ciudades sicilianas contemporáneas, como en Megara Hyblea (Domínguez 2006: 272). La ciudad se abastecía de agua gracias a una red de acueductos cortados en la roca, fechados en su época más antigua en el s. V a.C. 
Dada su privilegiada situación marítima y su riqueza, la demografía no hacía sino incrementarse, de manera que pronto se creó un tercer barrio más allá de las murallas de Acradina, denominado Tycha. Como seguía sin resultar suficiente, los límites de la urbe se expandieron hasta crear un cuarto y último barrio, el de la Neápolis, que en época helenística llegó a ocupar la antigua área funeraria del norte de Acradina. En este mismo siglo, el V a.C., se produjo un choque armado contra los atenienses, que se tradujo arqueológicamente en la construcción de una fortificación que conectaba Acradina con el collado Temenites; culminando en los últimos años del siglo en la construcción del castillo Euríalo, protagonista por el asedio cartaginés del 396 a.C. y tomado por los romanos en el 212 a.C. 
El Castillo Euríalo es un gran enclave estratégico: al oeste se protegía por tres fosos sucesivos, por el sur el acceso estaba protegido por un puente levadizo; y en la zona norte la muralla realizaba un quiebro para proteger una puerta de acceso. 

Vista aérea de los restos actuales del castillo Euríalo. Se observa perfectamente la planta rectangular del conjunto, con una serie de torres en su parte oeste. Fuente: Google Earth.








Al principio estaba constituido por un espolón triangular, sustituido posteriormente por cinco torreones de 15 metros de altura que le dotaban de planta rectangular. Además, un complejo sistema de caminos de ronda y de galerías subterráneas comunicaban el enclave y permitían el rápido desplazamiento (Mayer y Rodà, 1998: 115). 
Fuente: Google Earth - Panoramio.

Fuente: http://www.regione.sicilia.it/
A la izquierda, imagen de las torres originales de 15 metros, construidas en sillares de piedra. A la derecha, vista aérea de los restos del castillo.


En su momento de máxima expansión la ciudad contaba con 325 ha, y fue en este momento de desarrollo en el que se llevó a cabo una gran actividad edilicia, encontrándose en Ortigia el palacio de los tiranos siracusanos. Precisamente de esta época destaca uno de los elementos más conocidos de la ciudad: el altar de Hierón II (306-215 a.C.). Hecho en piedra, supone un ejemplo de arquitectura conmemorativa, en el que se realizaban sacrificios y ofrendas, pero además es el altar más grande del mundo antiguo, con planta rectangular y 198 metros de lado.
Resultado de imagen de altar de hieron siracusa
Vista SW del altar de Hierón II. Fuente: Google Imágenes.
Vista cenital del altar de Hierón II, con el anfiteatro de fondo. Se observa perfectamente su planta rectangular, así como su gran longitud (198 metros de lado). Fuente: Google Earth.
Uno de los edificios de ocio fundamentales es sin duda el teatro, que en el caso de Siracusa supone uno de los ejemplos mejor conservados de este tipo de arquitectura griega. Se encuentra excavado en la roca, aprovechando un desnivel, y su cávea tiene unos 198 metros de diámetro, con cerca de 67 filas para espectadores, de las que solo se conservan 46. Además de por su arquitectura, destacó fundamentalmente por convertirse en un referente en la representación cómica.

Vista de la cávea, orchestra circular y vomitorio. Fuente: http://bajoelsoldesicilia.blogspot.com.es/2014/08/teatro-griego-de-siracusa.html 

En época romana sufrió primero una gran decadencia, poco a poco recuperada en tiempos de Augusto gracias a la instalación de una colonia, de la que proceden los restos romanos que pueden verse en la actualidad. El actual foro, por ejemplo, se instaló sobre la antigua plaza pública o ágora, de manera que existen zonas que no han podido ser investigadas con intensidad debido a esta superposición urbana. Otro de los restos bien conservados es el llamado gimnasio -probablemente un santuario de culto oriental- datado en el s. II a.C., compuesto por un teatro elevado con escena en forma de hornacina y un paramento de un templo itálico a modo de fachada. El anfiteatro, por su parte, tiene 140 x 119 metros y fue construido a finales del s. I a.C., aunque sufrió modificaciones en época severiana (Mayer y Rodà, 1998: 116). Existen más restos de época imperial, pero son arquitectónicamente menos significativos.



Vista aérea de los restos del anfiteatro y el teatro  griego de Siracusa en el entorno actual. Fuente: Google Earth.










Bibliogrfía

-Boardman, J. (1983): Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica,Madrid: Alianza Editorial.

-Domínguez Monedero (2006): "Greeks in Sicily", Greek Colonisation. An account of greek colonies and other settlements overseas, vol. 1, pp. 253-259.

-Mayer, M., Rodà I. coords. (1998): Ciudades Antiguas del Mediterráneo, Barcelona: Lunwerg Editores.

-Pomeroy, S. et alii (2011): La Antigua Grecia. Historia Política, Social y Cultural, Barcelona: Crítica.

Recurso web
http://www.regione.sicilia.it/ 

María Ruiz Vega

viernes, 18 de noviembre de 2016

Siracusa: los griegos se expanden por Sicilia

A finales del s.VIII a.C. los Baquíadas, familia de la nobleza doria, procedentes de la ciudad griega de Corinto, empiezan a tener un progresivo interés por los territorios de Occidente, debido a la necesidad de resolver la escasez de tierras que estaban sufriendo en su región. De esta forma, empiezan a ejercer una presencia más efectiva en el Mediterráneo Occidental y para solucionar dicho problema una parte de su población se desplaza en busca de lugares más fructíferos. Esto tiene como resultado la fundación de una nueva apoikia en la isla de Sicilia, la cual es Siracusa. A partir del establecimiento de Corinto en esta nueva área, la ciudad experimenta un gran crecimiento económico, además de una generalización de su producción cerámica, hecho que hizo que la cerámica corintia fuera una de las más presentes a lo largo de la isla de Sicilia (Domínguez Monedero 1989: 90).

Siracusa se entiende como una colonia de origen esencialmente agrario, hecho que se reafirma por la fertilidad de su suelo. Estaba destinada al poblamiento, a asimilar un exceso de población en la metrópoli, donde el reparto de la tierra cultivable fue fundamental. Esto queda evidenciado en el hecho de que desde sus inicios se ocupa una extensa superficie, ya que en la tierra es donde reside la fuente de valor para la apoikia, pero también como previsión a un probable crecimiento de la población, y así evitar encontrarse de nuevo con una limitación al acceso a la tierra apta para las prácticas agrarias, como sucedió en su ciudad de origen. El testimonio de Estrabón (VI, 2.4) destaca que por una parte el desarrollo de la ciudad sí que se vio favorecido por la riqueza de sus territorios, pero también por sus condiciones portuarias naturales (Menéndez Varela 2003: 37 - 132).

La apoikia de Siracusa se encuentra ubicada en la costa sureste de Sicilia, en un lugar especialmente óptimo para las actividades marítimas. Era una ciudad fácilmente defendible con un buen suministro de agua proveniente del manantial de Aretusa. La costa se caracteriza por tener abrigos naturales que permitieron el emplazamiento de puertos en el norte y el sur. En el noroeste hay un pequeño golfo que dio lugar al Porto Piccolo (Lakkios), mientras que en el sureste hay una amplia bahía que recibe el nombre de Porto Grande  (Boardman 1975: 181; Menéndez Varela 2003: 36).

Plano esquemático de Siracusa
(Cerchiai et al. 2003: 202)
La localización de la nueva colonia sigue el esquema de la colonización griega que consiste en ubicarse en un primer momento en un área inmediata a la costa, y seguidamente ocupar un espacio en tierra firme. Arqueológicamente, se ha podido conocer que Siracusa desde su fundación tiene una clara tendencia a llevar a cabo relaciones con el interior al encontrarse en el cruce de dos vías de comunicación. Las primeras evidencias de la ciudad griega se hallaron en la península de Ortigia, de esta forma se ha establecido que en los primeros momentos de la fundación los colonos griegos se extendieron por esta área. Asimismo, gracias a los hallazgos de casas, datadas en el s.VIII a.C. en la región de Acradina, se ha afirmado que el territorio siracusano desde sus inicios no solo se extendió por la costa, sino también por el territorio colindante de Ortigia en tierra firme. Además, se extendió de este a oeste desde la zona de Tyche hasta el rio Ciane y del área pantanosa de Lysimeleia al suroeste. Por su parte, las fuentes clásicas, también, hacen referencia a las dimensiones de la colonia. La descripción más gráfica es la aportada por Cicerón, el cual fue cuestor en Sicilia, hecho que le permitió pasar tiempo allí, y bajo su punto de vista Siracusa era la ciudad griega más grande de la isla y su superficie parecía “cuatro ciudades” en una. Las “cuatro ciudades” a las que hace referencia son los núcleos urbanos de Ortigia, Acradina, Tycle y Neápolis  (Cerchiai 2004: 205 - 206; Domínguez Monedero 1989: 180 – 181; Menéndez Varela 2003: 36).

Por otro lado, todas las fuentes clásicas  están de acuerdo en que la fundación de la colonia de Siracusa fue dirigida por el oikistes  corintio Arquias, el cual era miembro de la familia de los Baquíadas. El oikistes  emprendió esta expedición con un grupo de colonos procedentes en su mayoría de la aldea de Tenea (Corinto). Además, en los testimonios documentales ha quedado reflejada la visita de Arquias junto a Myskellos (futuro fundador de Crotona) al Oráculo de Delfos, donde fueron en busca de respuestas acerca del territorio que iban a ocupar y conocer que era lo que les esperaba en su nuevo lugar. La Pitia les pregunto qué era lo que ellos deseaban en su nuevo destino a lo que Arquias respondió riqueza, así le ofreció establecerse en tierras sicilianas, concretamente en Siracusa, debido a la gran fertilidad de sus tierras. (Cerchiai 2004: 202; Menéndez Varela 2003: 36 - 37).

Localización de la apoikia de Siracusa
(Cerchiai et al. 2003: 12)
En lo que respecta a la cronología de la fundación de la colonia dórica de Siracusa se han planteados diversas hipótesis, como por ejemplo la de Eusebio, el cual considera, basándose en la tradición que narra la consulta del oráculo de Delfos de ambos fundadores, que su fundación tuvo lugar justo después de la de la colonia de Crotona  (709 -708 a.C.) y que es contemporánea a la de Tarento (706 a.C.). En cambio, Estrabón (VI, 2.4) estimaba que la fundación de Siracusa tuvo lugar en la época en que fueron fundadas Naxos (734 a.C.) y Mégara Hiblea (728 a.C.). En la actualidad,  gracias a los estudios arqueológicos, especialmente, basados en el análisis cerámico, se ha podido acabar con esta controversia y determinar que la fecha de fundación es en el 733 a.C., como afirmaba Tucídides (VI, 3.2), el cual consideraba que los corintios se establecieron un año después de que los eubeos se instalaran en Naxos (734 a.C.) (Boardman 1975: 180; Domínguez Monedero 1989: 180;  Menéndez Varela 2003: 35 - 36).

Habitualmente las colonias griegas se levantan en espacios ocupados por pobladores indígenas, este hecho lo hemos podido ir viendo a lo largo de las entradas anteriores, y Siracusa no es una excepción. A través de las intervenciones arqueológicas en la isla de Ortigia se ha confirmado la presencia de un poblado indígena sículo (indígenas de Sicilia) datado en la primera mitad del s.IX a.C. También, las fuentes clásicas hacen referencia a dichos indígenas, como Estrabón (VI, 2.4), el cual afirmaba que los indígenas habitaban en este lugar debido a la prosperidad de sus tierras (Domínguez Monedero 1989: 183; Menéndez Varela 2003: 37). 

Finalmente, Tucídides (VI, 3.2) alega que la llegada de los colonos corintios a este espacio supuso el desplazamiento de los indígenas a otro lugar, con el fin de controlar el territorio por completo. Realmente, es muy complicado establecer cuáles fueron las relaciones y los vínculos que se establecieron entre los recién llegados y los indígenas, aunque algunos investigadores aluden a que en Siracusa pudieron tener lugar unas relaciones efectivas entre ambos e incluso una coexistencia en la que se fue sustituyendo el elemento indígena por el griego (Domínguez Monedero 1989: 183 - 184; Menéndez Varela 2003: 37).


Bibliografía

Boardman, J. (1975) Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Madrid.

Cerchiai, L.; Jannelli, L.; Longo, F. (2002) The Greek Cities of Magna Graecia and Sicily, Los Ángeles. 

Domínguez Monedero, J.A. (1989) La colonización Griega en Sicilia. Griegos, Indígenas y Púnicos en la Sicilia arcaica: Interacción y Aculturación, tomo I, Oxford.

Domínguez Monedero, J.A. (2001) La Polis y la expansión colonial griega (siglos VIII-VI), Madrid.

Menéndez Varela, L.J. (2003) Consideraciones acerca del origen y la naturaleza de la ciudad planificada en las colonias griegas de Occidente,Oxford.

Cristina Rubio Vicens

domingo, 13 de noviembre de 2016

Santuarios arcaicos: los santuarios calcídicos de Naxos e Himera.

Naxos es la ubicación donde la figura más importante del ciclo ateniense hace escala: Teseo, pero debemos hacer hincapié que es la isla la protagonista de este abandono y no la colonia griega que aquí estamos comentando. Aun así, comentaremos en base a este nombre, que surgió en su emplazamiento original. Es mundialmente conocida la heroica hazaña del hijo de Poseidón y Etra (VV.AA 2010: 130) en la cual mata al Minotauro, hijo de Pasifae y el toro blanco enviado por Poseidón para ser sacrificado por Midas. Pero tras liberar a Atenas de la situación de vasallaje, Teseo y el resto de sus compañeros emprenden un viaje haciendo una primera parada en Naxos. Es en este lugar donde su acompañante femenina, Ariadna es en una de las versiones del mito, abandonada por el héroe por mandato de Atenea (GRIMMAL 2008: 51). Tras este abandono es conocido que la joven es observada y raptada por Dionisos que se la lleva para un cortejo nupcial. Otros escritos como la Odisea argumentan extrañas versiones, tal es que la enamorada del héroe sufre muerte a manos de Artemis bajo la atenta mirada de Dioniso. (HARD 2010: 453-455) 

Ariadna dormida (copia de la original del siglo II a.C), 99 por 238 cm, Museo Nacional del Prado

Triunfo de Baco y Ariadna (1597-1600) de Annibale Carracci
Conocida la parte mítica, conozcamos ahora el desarrollo arquitectónico que ha manifestado el santuario de Naxos. Son numerosos los hallazgos de este periodo, pero dentro del santuario de Naxos, podemos encontrar según Giacchino Franceso La Torre (LA TORRE 2015: 277) una organización muy antigua de las áreas urbanas y sagradas. Este santuario, uno de los más antiguos, tiene restos lo suficientemente inteligibles que permiten investigar la zona sagrada de Naxos, zona cercana a la desembocadura de un arroyo.
El santuario de Naxos está delimitado por en témenos (τέμενος, ‘recinto’) proto-arcaico que rodea el recinto sagrado y al cual se accede a través de una puerta norte, aunque según el mapa de La Torre, son varias más las que permiten el acceso al recinto, una colocada en la zona sur y otra al oeste. Bajo lo que sería el templo principal se han hallado restos de una capilla, junto a la cual también se han encontrado numerosos fragmentos de arcilla decorados. El santuario, parece tener claras dificultades en cuanto las atribuciones del culto, a pesar de que se han encontrado restos que parecen vincularlo a la diosa Afrodita, aunque La Torre a través de una inscripción antigua la vincula a la diosa Enio. Esta divinidad de carácter violento y sequito del dios Ares (GRIMMAL 2008: 158), puede ser comparada con la Afrodita armada, lo que puede dar a equivocaciones. (LA TORRE 2015: 278)
Durante el siglo VI a.C el santuario se vio enriquecido por la construcción de tres nuevas construcciones. Entre estos encontramos un santuario alargado y rectangular en planta, el cual se asienta sobre una gran base de piedra rectangular.
 
Naxos: planimetría del santuario urbano de Afrodita por Merters 2006.
leyenda: c) área urbana; S ) área del santuario; e, c, f) muro del témenos; 1) capilla A; 2) templo B; 3) altar; 5) hornos; 6) puerta oeste; 7) puerta sur; 8) ingreso al santuario de la ciudad.
Son pocos los restos que nos quedan de este santuario, por lo que su estudio queda un tanto escaso. Por ello para estudiar de forma detallado los grandes santuarios proto-arcaicos y su organización, mencionaremos el caso de Himera. Esta colonia parece tener una ciudad alta, colocada en una terraza superior, que domina la llanura baja de Buenfornello, ocupada por la ciudad baja. Pronto este lugar obtendrá un área lo suficientemente grande rodeada por un témenos, la cual albergará los principales templos de culto.  El interior del témenos tiene contrafuertes en la parte interior y un propileo en la zona oeste con una stoa en la misma zona. En cuanto a los elementos de culto propiamente dichos encontramos un altar en el este. El altar corresponde a los años de fundación de la ciudad, cuando el culto se realizada en el exterior, encontrándonos con una superficie perforada para la inserción de la estatua de culto (quizás una piedra icónica). Posteriormente reconocemos una estructura rectangular que se incorpora más adelante en el lado sudoccidental y que parece está colocado en líneas con los grandes templos A y B. (LA TORRE 2015: 280)
Himera: planimetría del santuario urbano por Torelli 2003. Leyenda: 1) base; 2) templo A; 3) templo B; 4) altar; 5)templo C; 6) templo D; 7) portico; 8) muro del témenos; 9) edificio septentrional.
Esta primera fase del santuario se relaciona con un conjunto de objetos descubiertos durante la excavación de la fundación del templo, llamado A, entre ellos se han encontrado armas y objetos de cerámica, bronce y hierro. Este edificio A se construyó alrededor del 570-560 a.C: este tiene un óikos y un adyton en la parte final, el cual aún parece respetarse. En el interior del adyton se haya una plaza cuadrada para la base de una estatua de culto como vimos anteriormente. El tiempo (mediados del siglo) decidió que se construyera un templo que sustituyera a este, el templo B. Este tiene una planta tripartita con un profundo porche, una cella y un adyton.  Este ahora también tiene una fundación anterior al lado, en la zona sur del recinto.
De estas etapas sucesivas, encontramos otro edificio en la zona meridional del recinto del santuario, el cual para su realización fue necesaria la eliminación de dos contrafuertes de la pared del muro. Otro templo se erige en el siglo V a.C, siendo colocado en el extremo más alejado del muro norte. Es una entrada articulada con un profundo pórtico (pronaos), delante de una cella, la cual está perfectamente alineada con el templo B. (LA TORRE 2015: 281)
Como hemos visto con Naxos, la asignación de los cultos en este santuario no es mucho más fácil. Durante las excavaciones se han recuperado ciertas piezas votivas que pueden relacionarlo con un culto dedicado exclusivamente a Atenea. Es cierta la atribución de uno de los templos a Atenea, ello gracias a una explicita dedicación en el pie de un kylix. Esto hace pensar en la completa atribución del santuario a la misma divinidad, ya que hay otros restos de terracota que muestran a la diosa como (prómachos). Otros le atribuyen la divinidad de Afrodita, como observamos en Naxos, siendo en este caso una diosa del amor armada, a la cual es posible atribuir un bronce que se ha encontrado en la fundación de una de los primeros templos. Pero de nuevo la discordia crece al saber que en la zona baja de la ciudad el culto principal era a la diosa Atenea, con un templo de la Victoria, realizado en torno al periodo de la batalla de Himera y fechado en torno al 480-470 a.C, el cual tienen fuertes similitudes estilísticas y planimétricas con el templo de Atenea en Ortigia. (LA TORRE 2015: 281). 

BIBLIOGRAFÍA: 
  • LA TORRE, G., "Sicilia e Magna Grecia. Archeologia della colonizzazione greca d´Occidente", Laterza, Roma, 2015.

  • GRIMMAL, P., "Diccionario de Mitología Griega y Romana", Paidos, Barcelona, 2008.

  • VV.AA., "Mitología clásica e iconografía cristiana", Editorial universitaria Ramón Areces, Madrid, 2010. 

  • HARD, R., "El gran libro de la mitología griega", La esfera de los libros, Madrid, 2009. 
Recursos web: 

  • https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/ariadna-dormida/0bde93b6-77f3-4652-95bd-5a40ab444e60. 

Alejandro Sastre Laso. 

viernes, 11 de noviembre de 2016

La cabeza de puente económico-colonial griega en Sicilia.

El estudio de la base económica de Naxos es muy dificultoso no solo por las reducidas campañas arqueológicas en la colonia sino también porque está en un antiguo puerto cubierto actualmente por una de las corrientes de lava del Etna hacia el mar. Sin embargo la estrecha relación entre esta y el comercio es muy importante como se demuestra en los mismos debates académicas respecto los objetivos y motivos de la fundación de Naxos (algo ya observado en la entrada de esta semana de C. Rubio).

La gran mayoría de autores y la teoría más aceptada en la actualidad es que las características más destacables de Naxos están muy ceñidas a su potencial como enclave comercial y portuario. Dunbabin cree que la primera colonia griega se situó allí, no por ser un lugar óptimo para fundar una colonia sino por ser el más aceptable al alcanzar la costa siciliana y tener un puerto en el que recogerse para luego ascender hacia el norte [Dunbabin (1968): 8-9]. Esta teoría se vería reforzada al ser un lugar con acceso a buenas corrientes, con (probablemente) un buen puerto y por el significante hecho de que a pesar de su buena fertilidad las tierras eran bastante limitadas, algo vital para el desarrollo de una colonia (algo ya resaltado por M. Ruiz en la anterior entrada).

Dominguez-Monedero va más allá, afirmando que la relación de Naxos y las rutas de navegación es claro[1], y que muy probablemente fue un asentamiento comercial estratégico para los eubeos que buscaría asegurar las rutas comerciales hacia el Tirreno, este acabaría convirtiéndose/evolucionando a una colonia. De hecho, en base a su reducido territorio agrícola, Domínguez-Monedero sugiere:

“The main aim for its establishment was control of a key point in the maritime communications of Eastern Sicily, at a time when the Euboeans were pursuing a similar strategy in other parts of the Mediterranean” [Dominguez-Monedero (2006): 258-259].

Esta actividad comercial previa a la fundación se confirmaría a través de la arqueología gracias a la presencia de cerámica eubea de estratos “pre-coloniales” [Dominguez-Monedero (2006): 258-259], este comercio llegaría al punto de que la forma y estilos de la cerámica sícula estaba influida por los estilos griegos. De hecho, autores como Dunbabin y Blakeway, a partir de restos como los de S. Aloè donde hay cerámica sícula pintada por griegos, aseguran que debió haber griegos asentados o conviviendo con estos locales antes de las colonizaciones [Dunbabin (1968): 3-9].

No obstante no ofrece una respuesta clara del paso de enclave comercial a colonia más allá de los primeros asentamientos. Personalmente es compatible la existencia de un puesto comercial temporal con el posterior desarrollo de una colonia por parte de excedentes demográficos de la isla de Eubea (en plena crisis), todo gracias a estos viajes y comercios “pre-coloniales” que dieron un conocimiento previo del área del enclave y de sus potenciales tierras de cultivo.

Una vez fundada, Naxos pasó a ser uno de los principales puertos de referencia en la zona del estrecho de Mesina y puerto de referencia para la llegada de otros griegos, convirtiéndose en toda una cabeza de puente para las oleadas de inmigración y colonización griega en Sicilia. De esta misma colonia surgirán las también fundaciones eubeas de Leontinoi y Katane (Catania), hecho que será un gran paso de la colonización, pasando a ser fundaciones, especialmente en el caso de Leontinoi, que dejan de tener un papel comercial tan relevante en costas o rutas claves al estar tierra adentro.

Naxos siempre será una pequeña ciudad, superada en tamaño y población por otros enclaves euboicos vecinos como Zankle o la mencionada Leontinoi. Esta misma debilidad será la que la empuje a mantener buenas relaciones con los locales para poder sobrevivir, cosa que parece que ocurrió con el resto de colonias de Calcis a diferencia de otras colonias griegas en Sicilia como Siracusa. Estos rasgos de mayor apertura hacia los nativos (bastante natural en las fundaciones eubeas como ya vimos en la entrada de la semana pasada) junto con una política exterior bien coordinada junto a las otras colonias calcidias (Naxos, Leontinoi, Katane) hicieron de ellas un importante motor de helenización, como se comprueba en poblaciones locales como Monte Judica y el Val d’Orsini donde abundan restos griegos o de influencia helena, terracotas, bronces e incluso marfil, a un nivel mucho mayor que colonias como Gela o Sirae [Dunbabin (1968): 121].

La aparición de una similar cantidad y variedad de piezas cerámicas griegas tanto en Rhegion, Mylae, Metauro, Naxos y las colonias de Calcis sugiere a algunos autores que existían unos intereses comunes económicos y comerciales, especialmente dominado por los euboicos como demuestra el predominio de skyphoi “a chevron” y copas eubeas.
Resto de cerámica de estilo euboico  producida en Naxos [Kourou (1998):167-177]

Hacia finales del s. VII a.C. y la mitad del VI a.C. se denota una importante pujanza económica arqueológicamente, con la aparición de mayores y más ricas casas, por los restos del mismo Ágora y sobre todo por la adopción de una moneda propia. Naxos será la tercera ciudad en Sicilia (tras Seliunte y Himeria). Como se mostró en la entrada de Tarento, la aparición de la moneda es un síntoma de riqueza y dinamismo comercial, siendo emitida especialmente para las transacciones navales a gran escala como demuestran al ser las primeras emisiones de gran valor (las monedas más pequeñas no aparecen hasta el s. V a.C).

Dracma de plata(5,57 g) de Naxos (530 -510 a.C.)


La aparición de la moneda en las colonias griegas se relaciona con los cambios comerciales tras la hegemonía corintia, según Dunbabin [Dunbabin (1968): 246] la hegemonía de esta en el s.VII a.C. se resumía para algunos autores a simples intercambios de mercancías manufacturadas por alimentos, pero con la entrada de nuevos agentes comerciales (como Atenas o Jonia) y por lo tanto de una mayor complejidad comercial será necesario el desarrollo de monedas propias para seguir estas dinámicas económicas
Moneda de Naxos (461-430 a.C.) [Consolo Lagher (1996):206]
El desarrollo de Naxos se verá completamente frustrado y estancado a partir del 476 a.C. por la conquista de Hipócrates de Gela (aspecto bien desarrollado en la entrada de M. Ruiz), no volviendo pudiendo recuperarse debido a los acontecimientos políticos posteriores.




[1] Resaltando que el altar de Apolo Archegetes era el punto de llegada y salida de los sagrados embajadores (theoroi) hacia los festivales y santuarios de la Grecia Continental.




Bibliografía:

CONSOLO LANGHER, S.N. (1996): Siracusa e la Sicilia Greca: Tra età arcaica ed alto ellenismo. Società Messinese di Storia Patria, Messina. 

DOMINGUEZ-MONEDERO (2006): "Greeks in Sicily", en G.R. Tsetskhladze (ed.) Greek Colonisation. An Account of Greek Colonies and Other Settlements Overseas. Vol. I. Leiden. 253-357.

DUNDABIN, T.J. (1968): The Western Greeks: The history of Sicily and South Italy from foundational of the Greek colonies to 480 B.C, Oxford Universiy Press, Oxford.

KOUROU, N. (1998): “Euboea and Naxos in the Late Geometric period: the Cesnola Style” en D'Agostino, B.; Bats, M. (dir.) L'Eubea e la presenza euboica in Calcidica e in Occidente. Collection du Centre Jean Bérard, Paris, 167-177.


Recursos electronicos:

Naxos: el enclave siciliano

Como mi compañera Cristina Rubio ha tratado la fundación griega de Naxos en Sicilia, se procederá ahora a exponer la realidad arqueológica de la colonia, que tal y como afirma Domínguez Monedero, es la que debe dilucidar la realidad colonial de la ciudad (Domínguez Monedero 1989: 105). Recurrir a los textos es de gran ayuda en el conocimiento de la realidad histórica, y es Tucídides quien nos habla sobre la ciudad, pero la investigación arqueológica debe tener cuidado de no caer en la Arqueología Filológica a la hora de interpretar los restos de Naxos.

La ciudad de Naxos se sitúa en la costa este de la isla de Sicilia, a unos 50 km al sur del estrecho de Mesina, en un promontorio cerca de la desembocadura del río Acesines y en el entorno del Monte Etna. Es, por lo tanto, una zona estratégica y volcánica, aunque susceptible de fenómenos sísmicos. Según John Boardman (1983: 177) el asentamiento griego desplazó un establecimiento preexistente indígena; lo que evidencia que es una zona, sobre todo desde el punto de vista estratégico, muy importante y con acceso a recursos que aseguran su supervivencia. Sin embargo, el territorio que controlaba Naxos no era muy extenso, de manera que su importancia recaía en el control del punto de comunicaciones marítimas que conectaba el este de Sicilia y que permitía el paso por el estrecho de Mesina hacia la costa occidental italiana (Domínguez Monedero, 2006: 256).
Imagen 1. Plano de Naxos con las distintas etapas de evolución de la ciudad. Destacan las tres grandes plateai que articulan la ciudad, cortadas por otra serie de calles perpendiculares, configurando así el plano ortogonal. Fuente: Domínguez Mondero, 2006
Respecto a los hallazgos arqueológicos, se han determinado dos capas urbanas superpuestas, la primera datable entre mediados del siglo VII y finales del VI; y la segunda, ya de plano ortogonal, fechada en el s. V.
El primer asentamiento colonial ocupaba un pequeño espacio, y se situó cerca de la bahía, reaprovechando parte de las defensas de época indígena. Se conservan algunas casas de la época más temprana, de planta cuadrangular, con unas dimensiones de 4 x 4 metros, con una estancia única y concentradas en el NE de la meseta. Gracias a estas estructuras, se ha calculado que en la fase inicial la ciudad tendría unas 10 ha de extensión. A lo largo del siglo VII la ciudad creció, alcanzando su máximo expansión, y comenzó a organizarse siguiendo un plano regular, alrededor de una serie de ejes principales quizá divididos en función de la procedencia (Domínguez Monedero, 2006: 258). Estas áreas diferenciadas de la ciudad confluían en el centro en una vía pública de mayor extensión, unos 5 metros, que conducía al hinterland. Las excavaciones de los años 60 sacaron a la luz estos descubrimientos, permitiendo constatar el trazado de las calles y las casas, así como identificar la existencia de una zona sagrada y otra de necrópolis. Las investigaciones en esta última zona sólo han podido datar una pequeña parte de las tumbas de la primera generación de colonos, aunque es sorprendente la presencia de mujeres indígenas asociadas a estos enterramientos tempranos (Domínguez Monedero, 2006: 259).

Imagen 2. Situación de la ciudad de Naxos respecto a la topografía costera. Fuente: http://www.lasicilia.es/giardini_naxos  
El área sacra se encontraba en la zona periurbana de la ciudad, y las murallas del siglo VI que marcaban el límite del asentamiento. En el siglo V, probablemente debido a una refundación, la ciudad se reconstruye, organizando la disposición en forma de rejilla y con una sola orientación. Son tres calles, plateai, que discurren de este a oeste las que organizan el espacio, que a su vez son cortadas por otras calles secundarias que discurren de norte a sur. También se ha propuesto que la ciudad se dividiera en barrios, estando la zona comercial más al norte, con casas y pequeñas tiendas, conectando esta área con el puerto y el hinterland. Las excavaciones del 2006 localizaron el ágora, hacia el SO de la ciudad.


Sin embargo, el desarrollo de la ciudad se vio truncado por diversos acontecimientos históricos: a principios del s. V fue conquistada por Hipócrates de Gela, que sometió la ciudad. Durante la Guerra del Peloponeso, Naxos se alió con los atenienses, lo que provocó el enfrentamiento con Siracusa, quien, al mando de Dionisio I, tomó la ciudad, convirtió a sus habitantes en esclavos y entregó la ciudad a los sículos. De esta manera, los nuevos dueños del territorio decidieron realizar una nueva fundación, que tomaría el nombre de Tauromenium. En las laderas del monte Tauro, Andrómaco, padre de Timeo, estableció una ciudad donde confluyeron algunos de los antiguos habitantes de Naxos, aunque sus principales habitantes eran de origen sículo, tal y como confirman las necrópolis. Tauromenium permaneció en la órbita de Siracusa hasta la conqsuita romana en tiempos de Augusto (Mayer y Rodà, 1998: 118). 

Bibliografía

-Boardman, J. (1983): Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica,Madrid: Alianza Editorial.

-Domínguez Monedero, J.A. (1989) La colonización Griega en Sicilia. Griegos, Indígenas y Púnicos en la Sicilia arcaica: Interacción y Aculturación, vol. I, Oxford.

-Domínguez Monedero (2006): "Greeks in Sicily", Greek Colonisation. An account of greek colonies and other settlements overseas, vol. 1, pp. 253-259,

-Mayer, M., Rodà, I. coords. (1998): Ciudades Antiguas del Mediterráneo, Barcelona: Lunwerg Editores. 

Recursos web

http://www.lasicilia.es/giardini_naxos
http://www.parconaxostaormina.it/it/fotogallery 

María Ruiz Vega

jueves, 10 de noviembre de 2016

Naxos: la primera colonia de Sicilia

La  isla de Sicilia es otro de los ambientes en los que estuvo muy presente la colonización griega     (s. VIII a.C. – s. VI a.C.), y es la zona geográfica que trataremos en las entradas de las próximas semanas, a través de varias colonias que fueron fundadas en el territorio. Una gran parte de la costa oriental de Sicilia fue ocupada por colonos que procedían, directa o indirectamente, de la ciudad euboica de Calcis. Dichos colonos en ocasiones en sus expediciones iban acompañados por individuos de otros orígenes (Asia Menor, las Cícladas, Beocia o el Peloponeso, entre otros lugares) (Domínguez Monedero 1989: 97; Domínguez Mondero 2001: 120).

Los euboicos, como ya hemos podido ver en entradas anteriores, fueron los primeros que crearon asentamientos estables propiamente griegos en el Mediterráneo Occidental, empezaron fundando Pitecusa en la isla de Isquia (para conocer más sobre esta apoikia visitar las pasadas entradas), de allí se extendieron y asentaron en nuevos puntos estratégicos para asegurar la fluidez de sus relaciones comerciales. De esta forma, llegaron a Sicilia, territorio en el que se produjo una especialización en las actividades desarrolladas por las colonias calcídicas sicilianas, donde unas mantuvieron una gran vinculación con los asuntos marítimos (Zancle o, tal vez Naxos), mientras que otras (Leontinos o Catana) desarrollaron una función agraria, controlando un extenso territorio (Domínguez Monedero 1989: 97).

Los testimonios documentales, como los transmitidos por Tucídides (VI, 3), Estrabón (VI, 2.2) y Diodoro (XIV, 88. 1), coinciden en que el primer asentamiento griego en la isla de Sicilia es la apoikia de Naxos. Dicha colonia se asentó en la pequeña península del Cabo Schisò, en las proximidades del Monte Tauro, donde las condiciones del lugar eran especialmente favorables para las actividades marítimas porque la parte norte del asentamiento se caracteriza por tener una bahía apta para los usos portuarios, ya que da origen a un puerto natural, el cual debió ser el puerto de escala para los barcos procedentes del Mediterráneo oriental con destino a Occidente (Boardman 1975: 177 - 178; Cerchiai et al. 2004: 157 - 158; Domínguez Monedero 1989: 108; Menéndez Varela 2003: 19).


Localización de la apoikia de Naxos
(https://es.wikipedia.org/wiki/Naxos_Sicilia)

Sin embargo, el hecho de que esté ubicado entre pequeñas elevaciones hace que no sea un lugar favorable para realizar actividades agrarias. Esto provocaría el impulso colonizador de la misma, poco tiempo después de su fundación, dando lugar a las apoikiai de Leontino y Catania; así, se aseguraba una base agrícola. Aunque, A. Domínguez Monedero (1989: 108) considera que podría ser que la función principal de este enclave fuera el de servir de puente para la penetración calcídica en Sicilia (Cerchiai et al. 2004: 157 - 158; Domínguez Monedero 1989: 108; Menéndez Varela 2003: 19).

En cuanto a la cronología de la fundación, las fuentes clásicas, como Tucídides (VI, 3.1), afirman que estos primeros colonos se establecieron en dicho territorio en el 734 a.C., datación que ha sido corroborada a través de la arqueología, ya que los materiales más antiguos que han aparecido en el lugar se han podido fechar a mitad del s.VIII a.C. (750 a.C. – 725 a.C.) (Cerchiai et al. 2004: 156; Domínguez Monedero 1989: 98 – 107; Menéndez Varela 2003: 18 - 19).

También, los autores clásicos presentan diversas opiniones acerca del verdadero origen de los colonos. Todos los testimonios (Tucidídes, Éforos o Helánico) coinciden en que esta expedición fue llevada a cabo, en su mayoría, por colonos calcídicos procedentes de la región de Eubea, los cuales fueron ayudados por contingentes, que según Éforos, fueron jónicos y dorios, en cambio Helánico sostiene que algunos de los colonos que fundaron Naxos proceden de la isla de Naxos (las Cícladas), de donde procedería el nombre de la colonia. A. Domínguez Monedero considera que todas las opiniones deben tener algo de razón, aunque hay que recurrir a la arqueología para encontrar la respuesta (Cerchiai et al. 2004: 156; Domínguez Monedero 1989: 105 -106).

Arqueológicamente, está muy claro que la presencia eubea en Naxos fue sólida, debido a que es el centro siciliano que ha ofrecido el mayor número de restos cerámicos euboicos, tanto de importación, como de imitación local. Además, se ha hallado una estela de mármol, datada alrededor del s.VII a.C., con una inscripción dedicada a la diosa Enio (diosa de la guerra) en caracteres que se parecen al alfabeto usado en la isla de Naxos (las Cícladas), hecho que confirmaría la participación de los naxios en la ocupación colonial (Cerchiai et al. 2004: 156; Menéndez Varela 2003: 117).

En el caso de Naxos, el oikistes encargado de dirigir el proyecto colonizador y fundar la nueva apoikia fue Tucles o Teocles, el cual era un aristócrata de origen ateniense. Este oikistes, como cuenta Estrabón (VI, 2.2), no obtuvo el apoyo de su metrópolis (Atenas) para realizar dicha expedición, hecho que le obligó a reclutar colonos de Calcis, dorios de Mégara y algunos jonios para emprender el viaje a Sicilia. De esta forma, podemos observar que las fundaciones coloniales también podían tener un carácter privado, donde el oikistes y sus allegados, especialmente de la élite dominante de la metrópolis, eran los encargados de cubrir todos los gastos (Domínguez Monedero 2001: 109; Menéndez Varela 2003: 121 - 122).

“Y aunque Teocles el ateniense, arrojado por los vientos a Sicilia, hubiese observado la escasez de hombres y la bondad de la tierra, no consiguió persuadir a los atenienses de que regresaran con él, por lo que tomando consigo a muchos calcídicos de Eubea, junto algunos jonios e incluso dorios, de los cuales la mayoría eran megareos, se hizo a la mar” (Estrabón, VI, 2.2).

Además, es un claro ejemplo en el que se deja patente cómo un oikistes conoce perfectamente la región a la que dirige su proyecto. Teocles decide asentarse en Naxos, debido a su conocimiento directo y personal del territorio, ya que lo había visitado previamente (Domínguez Monedero 2001: 109).

Finalmente, hay que destacar el testimonio de Diodoro (XIV, 88. 1), a través del cual podemos saber que en el momento en que los colonizadores griegos se asientan en Naxos, este territorio ya estaba ocupado por indígenas sículos, los cuales estaban ubicados en un centro adyacente a Naxos. Debido a una falta de consenso entre los investigadores se desconoce el tipo de vínculo que tuvieron entre ellos en un primer momento. Por un lado, hay defensores de las relaciones pacíficas, mientras otros consideran que los indígenas fueron expulsados y desplazados a otro lugar. Esto es muy complicado de evidenciar, aunque lo que está claro, es la presencia indígena en la amplia área del Cabo Schisò, donde se levantó la apoikia, ya que desde las primeras excavaciones se ha hecho visible que el último estrato pre-griego está mezclado con el estrato inicial de la ciudad calcídica, acción que alegaría una cohabitación (Domínguez Monedero 1989: 104 - 106).

Bibliografía

Boardman, J. (1975) Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Madrid.

Cerchiai, L.; Jannelli, L.; Longo, F. (2002) The Greek Cities of Magna Graecia and Sicily, Los Ángeles.

Domínguez Monedero, J.A. (1989) La colonización Griega en Sicilia. Griegos, Indígenas y Púnicos en la Sicilia arcaica: Interacción y Aculturación, tomo I, Oxford.

Domínguez Monedero, J.A. (2001) La Polis y la expansión colonial griega (siglos VIII-VI), Madrid.

Menéndez Varela, L.J. (2003) Consideraciones acerca del origen y la naturaleza de la ciudad planificada en las colonias griegas de Occidente, Oxford.

Recursos digitales

https://es.wikipedia.org/wiki/Naxos (10 - 11 -16)

Cristina Rubio Vicens

domingo, 6 de noviembre de 2016

El recinto sagrado de Posidonia: la ciudad el sur de Pompeya.

En entradas anteriores hemos hablado de templos que no han sobrevivido por completo al paso del tiempo. Pero, parece ser que Posidonia a pesar de haber sido una población azarosa tal y como comenta Solino (III d.C), ha conseguido mantener en pie y grandiosamente bien conservados sus templos, donde el lapso temporal ha buscado hacer mella (Revista de Arqueología 1984: 13). Así, con esta entrada, podremos comentar los diferentes templos del recinto sagrado de la antigua Posidonia, analizándolos de forma mucho más precisa, al contrario del templo de Tarento, del que debíamos hablar bastante menos debido a sus escasos restos.
Esta colonia llamada así en honor del dios del mar Poseidón, gracias a la poca influencia etrusca en los territorios vecinos y a la destrucción de Syris, Posidonia consolido su hegemonía en la zona, pero fue más tardíamente, a consecuencia de la destrucción de Sibaris cuando Posidonia obtuvo su máximo esplendor, con la llegada de los fugitivos de la ciudad de Sibaris. Será en este momento de fulgor cuando se erijan los tres grandes templos que vamos a comentar y que ya decimos desde ahora han sufrido variaciones constantes en cuanto a su verdadera denominación. Pero finalmente se ha llegado a una conclusión respecto a ello (DIMA. F 1974: 15-17), de modo que encontramos una basílica que es un templo en honor a Hera, junto a otros dos templos, uno dedicado a Atenea (antes dedicado a Ceres) y un último, excelentemente conservado, con advocación a Hera, pero que hoy en día se sigue llamando templo de Poseidón. (Revista de Arqueología 1984: 13-14)
Todas estas ruinas arqueológicas se encuentran en un lugar llamado Pesto, habiendo sido investigadas desde el siglo XVIII por Felice Gazzola y Francesco Sabatini. Este recinto se eucuentra amurallado, albergando en su interior los tres templos que vamos a conocer. Como este blog trata sobre temas relacionados a la colonización griega no vamos a hablar de elementos romanos, pero creo es interesante saber que no solo son restos griegos los conservados en el interior de este amurallamiento. De este modo encontramos en la zona central restos de un Foro romano, lugar que en el pasado albergó el Ágora griego, hallando más al norte de este los restos de un pequeño templo romano datado alrededor del 200 a.C.
Zona Arqueológica de Paestum

Comencemos ahora a conocer los tres templos de este recinto. El primero de ellos es el de Hera, el más primigenio (VI a.C) y que anteriormente era conocido como basílica. Franco Dima argumenta que los primero estudiosos y arqueólogos argumentaban que parecía más un edificio civil que uno sagrado, creyendo que era destinado a la reunión de ciudadanos. Este, hoy ya definido como un templo, presenta 9 columnas en los lados cortos (24,25 m) y 18 en los largos (54, 30 m). La cella o naos a la que se accede a través del pronaos, esta comunicada a su vez con adyton. Dentro del cuerpo central, nos hayamos con una división en dos partes provocada por siete columnas dispuestas en el centro del recinto, de las cuales solo tres permanecen en su lugar de origen. (DIMA. D 1974: 15) Se puede observar el carácter arcaico de este edificio solo con fijarnos en lo abultado del fuste de las columnas.
Su entablamento está compuesto por un arquitrabe liso, seguido de un friso con triglifos y metopas y finalmente de un frontón triangular del que no se conserva nada. En este recinto es curioso que se han encontrado restos de policromía, lo que nos hace pensar que el mármol travertino estaría decorado con estuco y posteriormente sería policromado, unido a la típica decoración de acróteras en los vértices del edificio.


El siguiente templo que nos encontramos es el conocido como Athenaion, o templo de Atenea, anteriormente conocido como de Ceres. Esta arquitectura corresponde al orden dórico del periodo arcaico, habiendo sido construido hacia el 500 a.C.  Es un templo hexástilo períptero (14,54 x 32,88) que representa el canon que posteriormente tomaran todos los templos griegos. La obra, construida en piedra local tiene una planta un tanto particular, construido sobre un crepidoma de 3 escalones, parece dar paso al primer cuerpo del templo o pronaos que parece elevar lo que sería la cella. Una vez dentro de esta, no habría como el templo de Hera una división interior, ni tampoco ni en este ni en el anterior encontraríamos opistodomos.  En cuanto a su fachada los restos arqueológicos conservados son escasos, permitiendo solo ver una parte del tímpano triangular que es sostenido por un arquitrabe liso y por triglifos y metopas que es posible que estuvieran decorados e incluso policromados. Según Dima la obra durante los primeros años del cristianismo sufrió modificaciones con el fin de que se utilizara para el culto de la nueva religión. Esta obra sin duda representa el periodo de transición hacia la plena madurez de los esquemas clásicos griegos. (DIMA. F 1974: 16)





El último de los templos que conoceremos es el Poseidón, siendo ciertamente su verdadera advocación a Hera, reina de los dioses y diosa del matrimonio. Esta obra realizada a mediados del siglo V a.C es el mejor conservado de todos los del recinto. Este ha sido construido con sillería isódoma sin argamasa, sobre un estereóbato, siendo el estilobato el último de ellos y donde nacen las columnas de orden dórico que sustentan el templo. Este templo es hexástilo y períptero con una longitud de 24, 30 x 59,92 metros. Las columnas que sostienen el templo son delgadas y altas, y mantienen una distancia de 2, 40 metros entre ellas. En la creación es complicado percibir las nuevas cuestiones relacionadas con la perspectiva que los templos clásicos comienzan a tomar, siendo un ejemplo de ello el Partenón de Atenas. En cuanto al interior este tiene un espacio tripartito con pronaos, cella (dividida en tres) y opistodomos, siendo este el sistema más regulado conforme pasa el tiempo. No olvidemos la fachada, que está formada por los elementos ya comentados posteriormente (arquitrabe, friso y cornisa con tímpano). Esta obra siendo la mejor conservada, ofrece razones suficientes a los historiadores del arte y arqueólogos un perfecto testimonio de la vibrante madurez de la arquitectura del dórico. Vemos con ellos desde el primer templo visto hasta este tercero, una progresión evolutiva en cuando a estructuras arquitectónicas. (DIMA. F 1974: 16-17)





Como final es necesario mencionar que la arquitectura no es la única de las artes plástica que nos proporcionan un rico acervo sobre el pasado de la actual Paestum. Fueron los lucanos los que nos permiten hoy en día deleitarnos con las maravillosas pinturas de sus tumbas, las cuales datan del siglo IV a.C y que nos ofrecen un excelente campo de estudio para el análisis de la sociedad lucana y su rica ideología funeraria. (VV.AA 1995: 49-56)
Bibliografía:
  • ·         VV. AA, Mujer e ideología funeraria: las pinturas de Paestum, Ediciones clásica, Madrid, 1995.
  • ·         DIMA. F, Paestum, guida pratica, Studio editoriale Palladio, Firenze, 1974.
  • ·         “Paestum y Velia”, Separata Revista de Arqueología, nº 36, p 12-14, 1984.


             Alejandro Sastre Laso

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