martes, 6 de diciembre de 2016

La plata de Seliunte ¿Símbolo de su éxito económico?

En entrada de esta semana, como es costumbre, trataré de mostrar la economía e importancia de Seliunte, ciudad que destacó especialmente al ser una de las primeras colonias en iniciar su propia emisión monetaria, también se intentará mostrar si estas famosas monedas de plata son el gran ejemplo de su peso comercial o si bien la arqueología puede mostrarnos más y mayores evidenicas. En este  caso seguiré la linea de investigación de De Angelis abierta en Megara Hyblea y que continuó en Seliunte la cual resulta una de las más innovadoras y basadas en los datos arqueológicos tratando de alejarse de la tendencia historiográfica en las fuentes clásicas.

Una de las fortunas de Seliunte fue la interesante disponibilidad de materiales de construcción  en su territorio, algo que reducía notablemente los costes de todo tipo de construcción, especialmente las publicas que exigían materiales de buena calidad en grandes cantidades. En la actualidad se han identificado hasta cinco canteras en su territorio[1]. Tan solo el mármol debía ser importado, por los estudios materiales sea determinado que este muy probablemente provenía de la zona del Egeo, de las canteras de Éfeso o las de Paros. Este empezó a importarse hacia finales del s. VII a.C. y principios del VI a.C.

Chora de Seliunte según los estudios de De Angelis (De Angelis  2003, 213)

Se han localizado diversos centros artesanales que demostrarían el potencial económico de Seliunte. Se conocen bastante bien las producciones cerámicas de la colonia la cual se iniciaría hacia el ultimo cuarto del siglo VII a.C. Estas destacan por su colores amarillentos, crema y verdosos, produciéndose una gran variedad piezas cerámicas, terracotas y estatuillas. Todas estas de buena calidad tanto cerámica como artista (muchas se decoraban) aunque destinadas a abastecer el consumo local y de su área de influencia (De Angelis 2003, 184).

También se denota una notable producción metalúrgica local que, según De Angelis, denotarían un claro ejemplo de la participación comercial de Seliunte más allá de su área de influencia, alcanzando los intercambios comerciales Centro-mediterráneos. El material más trabajado sin lugar a dudas es el bronce, utilizado para estatuillas, vajilla, fíbulas, joyería, armas y herramientas. El hierro también fue muy utilizado aunque muy especializado en armas y herramientas. Cobre y oro también se utilizaron aunquecon menor frecuencia.
Pero sin lugar a dudas el material que más interés y debates académicos ha generado es la plata, fue utilizada para joyería pero será su uso en monedas el que genera más interés ya que Seliunte es, junto a Himeria, la ciudad que adopta más tempranamente el sistema monetario en toda Sicilia y la Magna Grecia[2].
Didracma (8,56 g) de Selinunte, datada hacia los años 530-500 a.C.

Incluso la fecha es muy discutida, mientras que algunos autores como Milne la sitúan alrededor del año 600, últimamente se cree que la fecha debe rondar el 550-530 a.C. aunque De Angelis ya advierte de que no hay suficientes evidencias y ni si quiera se ha profundizado en el estudio de las monedas de Seliunte lo suficiente como para indicar una fecha tan definitiva. De hecho llega a cuestionar también parte de las teorías sobre el objetivo de la acuñación salentina, aunque la teoría de que era para poder efectuar pagos de grandes importaciones el caso de Seliunte se enfoca bastante en que fue para la importación de materiales para la construcción de los templos, pero De Angelis afirma con gran acierto que debió ser un contexto económico mucho mayor y más allá que la simple construcción de unos templos (De Angelis 2003, 158).

Dunbabin, siguiendo la línea más clásica y filológica cree que la primigenia adopción de Seliunte del sistema monetario se debe al fácil acceso por proximidad de las colonias occidentales a la plata sur-ibérica que recorría las rutas comerciales del Occidente Mediterraneo y, por lo tanto teniendo acceso a grandes cantidades de plata de bajo coste traída por los fenicios. Sin embargo, a pesar de que se ha confirmado el origen ibérico de la plata a través de diferentes análisis, esta teoría se ha abandonado con el tiempo por la falta de evidencias arqueológicas y sobre todo por la falta de justificaciones lógicas para el uso de la moneda a nivel económico.

La propia iconografía de las monedas ha sido interpretada como una evidencia iconográfica de la económica local. La hoja de apio es interpretada no solo por la abundancia de este en la región, sino porque probablemente también ejerció un importante papel dentro de las producciones agropecuarias y los intercambios comerciales (misma interpretación dada a las espigas en algunas monedas sicilianas, diciéndose que no es más que un reflejo de la anterior gran moneda de intercambio antes de las acuñaciones), aunque en el caso del apio probablemente fue por su relevancia en las plantaciones y en el paisaje local. Los bueyes no solo han sido interpretados como la fuerza de trabajo e importancia de las actividades agropecuarias (De Angelis además resalta que el paisaje de Seliunte era perfecto para el mantenimiento de estos animales[3]) sino también como motor y fuerza de trabajo destacable en las construcciones de los templos (De Angelis, 2003: 185-187).



Diferentes emisiones salentinas donde aparece la figura del buey en  diferentes contextos. En la primera imagen un didracma (8,19 g.) datada entre 450-440 a.C. ; en la segunda un tetradracma (16,97 g) datado entre el 470-450 a.C.

La abundancia de cerámica y objetos no solo corintios y áticos, sino también de otras regiones de la Grecia Occidental además de notables restos etruscos (especialmente metálicos) y algunos fénicos (muy por debajo de los etruscos) sitúan a Seliunte como un puerto de referencia y con el que probablemente salía rentable comerciar, algo que la riqueza material desvelada por la arqueología en la ciudad y necrópolis confirma (De Angelis, 2003: 189-191). Además las monedas salentinas se han encontrado más allá de los puertos sicilianos, alcanzando polis tan destacables como Tarento, Metaponto, Kaulonia, Krotona y Terina, y, sorprendentemente en varios tesoros en Iberia (Dunbabin 1968: 326), confirmándose así un participación activa de las mercaderías y productos salentinos por las redes comerciales griegas.

Igualmente, la artesanía local no se benefició solo del comercio marino, de hecho, se han encontrado numerosos restos cerámicos de Seliunte en diferentes partes de la isla y en zonas y necrópolis de nativos sicilianos.

Seliunte, en definitiva, fue una ciudad con una gran riqueza agropecuaria que destacó por su diversas variedades de trigo, sin embargo la riqueza de la ciudad no provino solo por la oferta de este en el mercado como algunos académicos como Dunbabin solían defender (Dunbabin 1986: 221). Con la arqueología se ha desvelado un gran potencial artesanal, la función de la ciudad como nodo comercial y la destacable presencia de las mercancías salentinas en los puertos griegos en occidente y a través de las redes comerciales occidentales, una actividad comercial que sin duda alguna repercutió en un aumento de la riqueza de la colonia. Esta destacable presencia comercial ha iniciado un interesante debate respecto a cuan activa fue Seliunte en este comercio, llegando a teorizarse la existencia de unos mercaderes intermediarios los fenicios y sus enclaves comerciales y la Magna Grecia, llevando a los puertos coloniales griegos mercaderías de occidente; una teoría que aunque discutida, el mismo De Angeli afirma que tampoco se puede rechazar por completo aunque, sin duda alguna, son necesarios más estudios e investigaciones para comprender por completo el origen de la riqueza de Seliunte.



[1] La cantera de la llanura de Manuzza, la cueva de Barone (a 4km de Baglio Cusa), La Roca (o cueva) de Cusa (al sur de Campobello de Mazzara), la Cueva de Belice y Misilbesi, siendo esta ultima la más apreciada, utilizándose para metopas y esculturas. DE ANGELIS (2003): 183-184.
[2] Moneda de plata de unos  4,15 gramos.
[3] DE ANGELIS (2003):186-187


Bibliografía:

-DE ANGELIS, F. (2003): Megara Hyblaia and Selinous. The Development of Two City-States in Archaic Sicily. Oxford University School of Archaeology, Monograph 55, Oxford.

-DOMINGUEZ-MONEDERO, A. (2006): "Greeks in Sicily", en G.R. Tsetskhladze (ed.) Greek Colonisation. An Account of Greek Colonies and Other Settlements Overseas. Vol. I. Leiden. 253-357.

-DUNDABIN, T.J. (1968): The Western Greeks: The history of Sicily and South Italy from foundational of the Greek colonies to 480 B.C, Oxford Universiy Press, Oxford.



Carlos Palacín Copado

Selinunte: la hermana pequeña de Mégara Hiblea

Sobre una suave colina a orillas del mar se asentaron los colonos procedentes de la ya citada en el blog Megara Hyblea, cuyo origen mi compañera Cristina Rubio ya ha detallado extensamente en su entrada. A priori no era un emplazamiento natural muy bueno, pero los colonos griegos fijaron su vista en lo que después sería Selinunte gracias a su extenso terreno disponible para la explotación agrícola y por la presencia de un puerto.
Como sucedía con otras colonias, convivieron en un primer momento con el poblado sicano de la Manuzza, que acabó difuminado bajo la influencia griega, llegando los colonos a establecer uno de sus primeros cementerios en el antiguo asentamiento indígena (Boardman, 1983: 191). 


Vista aérea de la acrópolis de Selinunte, sobre la colina que dominaba la costa. En la imagen se distingue muy bien el templo dórico urbano de grandes dimensiones que aún queda en pie en la acrópolis. Fuente: http://www.sicilyincoming.com/selinunte.html


Reconstrucción realizada por Gustave Fougères en 1910.
Fuente: Wikipedia.



Existieron varios cementerios con numerosas tumbas, donde se hallaron mutltiud de objetos de ajuar, especialmente estatuillas y cerámica. La explotación agrícola permitió que la ciudad se enriqueciera rápidamente, lo que propició su expansión desde el s. VI a.C., momento a partir del cual se conoce un entramado urbano regular. La morfología del territorio, la colina emplazada entre el río Medione -antiguo Selinus- y el Gorgo Crotone, condicionaba que la ciudad se dividiera en dos grandes zonas, la noroccidental y la suroriental, que se estructuraron según los mismos principios urbanísticos (Mayer, 1998: 106), quedando al sur la acrópolis amurallada. Según cálculos demográficos, la ciudad podría haber alcanzado la cifra de 80.000 habitantes (http://www.selinunteservice.com/parco_inglese.htm), o incluso 200.000 (http://www.selinunteservice.com/parco.htm), cifra que personalmente considero exagerada, pero que implica una compleja organización para el funcionamiento de la vida urbana, por lo que es comprensible la gran extensión que tiene el yacimiento, que se convierte en uno de los más extensos de Italia.

En un primer momento, comprendido entre el 650 y el 600 a.C., las primeras evidencias eran eminentemente domésticas y religiosas; las primeras halladas entre la colina de Manuzza y la acrópolis, y aunque las excavaciones han sido parciales, son muy similares a las halladas en Mégara Hiblea, de unos dos metros de alto y alineadas perpendicularmente a las manzanas, además de abiertas a un patio hacia el sur. En una segunda etapa comprendida entre el 600 y el 550 a.C. se levanta en piedra el templo a Deméter Malóforos, y a unos 300 metros al NE del templo de Deméter se levantó el llamado Templo M, fechado hacia el 560 a.C. Un tercer periodo se establece entre los años 550 y 500 a.C., momento en el que empieza a construirse la muralla de la ciudad, que seguía el lecho del río Cotone a una distancia de entre 30 y 100 metros. La cara interna fue construida con bloques de pequeños tamaño, y un camino pavimentado de 6,5 metros de ancho conectaba el interior de la muralla. Solo dos accesos fueron descubiertos por las excavaciones: dos torres semicirculares flanquedas por puertas dobles. Por último, la etapa entre el 500 y el 450 a.C. se caracteriza por la construcción de dos templos muy similares a los construidos en los siglos anteriores en la acrópolis, el Templo A y el Templo O. Por su parte, el Templo E empezó a tomar forma en la colina de Marinella. (De Angelis, 2003: 128-138).
Las manzanas del entramado urbano tienen planta rectangular, teniendo una anchura media de 32,8 metros, que equivalen a 100 pies dóricos; unidas entre sí mediante calles pavimentadas de dimensiones ligeramente superiores que las calles del plano urbano griego normal. De esta manera, el espacio fue poco a poco ocupado por edificios de cada vez mayor monumentalidad, sobre todo a partir del s. VI, especialmente visible en el área sagrada de la acrópolis y en el ágora de planta trapezoidal aún no identificada (Domínguez Monedero, 2006: 303).
Planta de Selinunte. Se aprecia muy bien el sistema de stenopos y plateias que articula la ciudad y la organiza. Asimismo, se representa cómo debía ser el ágora, basándose en el modelo de la metrópolis, Mégara Hiblea, de planta trapezoidal. Fuente: De Angelis, 2003: 129.
Se presupone que el ágora copiaba la planta de aquella que vimos la semana pasada en Mégara Hyblea, su polis de origen, que era de forma trapezoidal para adaptarse a la topografía, pero no se ha identificado aún su emplazamiento seguro, aunque se presupone entorno a la colina de la Manuzza.
Las defensas de la ciudad han sido descubiertas en las últimas décadas de excavaciones, dejando al descubierto las murallas que “delimitaban el área urbana más baja a lo largo de los ríos y han inducido a calcular la superficie de la ciudad en unas cien hectáreas” (Mayer, 1998: 106). La protección de la ciudad habría sido completada posteriormente por dos cuencas portuarias que ocupaban parte del valle, pero que debido a los estudios de paleocosta, se ha descubierto están actualmente bajo la arena. La puerta norte, que discurría N-S hasta la acrópolis, es la mejor conservada.

Respecto a la actividad religiosa, existían templos tanto urbanos como extraurbanos, que seguían igualmente la planificación y ordenación del resto de la ciudad. El área sacra se hallaba dividida en varios recintos sagrados denominados temenoi, destacando el santuario de Deméter Maloforos, de donde proceden muchos de los datos sobre el arte colonial griego. Al igual que en los contextos funerarios, la cerámica hallada en este recinto es corintia al principio, siendo paulatinamente sustituida por la cerámica ática en el segundo cuarto del s. VI, aunque también hay hallazgos de otros materiales orientales (espartanos, rodios e incluso un vaso orientalizante fechado en el s. VII a.C., de los primeros momentos de la ciudad).

En el 409 a.C., sin embargo, la ciudad sufrió un duro revés debido al asedio cartaginés propiciado por la enemistad de Selinunte con Segesta, que pidió ayuda a los púnicos contra su rival. Tras un duro asedio, la ciudad es destrozada y sus habitantes masacrados y expulsados, aunque en el 408 a.C. es reocupada por Hermócrates de Siracusa, dotando a la ciudad de nuevas defensas. Desde entonces se convirtió en un emplazamiento disputado entre Siracusa y Cartago, lo que propició el refuerzo del sistema defensivo de la ciudad, compuesto por un sistema de fosos, caminos de ronda y una batería de varios pisos defendida por torreones para la artillería. Un nuevo asentamiento púnico se instaló sobre el antiguo nivel colonial durante la dominación púnica, hasta que en el 250 a.C. la ciudad fue abandonada definitivamente en vísperas del estallido de la Primera Guerra Púnica, trasladándose la población a Lilybaeum (Mayer y Rodà, 1998: 108).

Puerta norte de la fortificación que protegía la acrópolis. Se observa muy bien cómo los sillares han sido perfectamente tallados y colocados a hueso, creando una estructura defensiva  de gran tamaño. Fuente: Panoramio (M.A. Mato)
Tiempo después fue esporádicamente ocupada en época bizantina, árabe (fortificación en el s. IX) y en época Suabia, hasta que en el Renacimiento la investigación empezó a fijarse en el potencial arqueológico de Selinunte. Pero fue la Escuela Francesa la que redescubrió la ciudad arcaica y clásica, gracias a las excavaciones y la fotografía aérea (De Angelis, 2003: 132).

Bibliografía

-De Angelis, F. (2003):  Megara Hyblaia and Selinous : the development of two Greek city-states in archaic Sicily, Oxford: Oxford University School of Archaeology.

-Domínguez Monedero (2006): "Greeks in Sicily", Greek Colonisation. An account of greek colonies and other settlements overseas, vol. 1, pp. 253-259.

-Mayer, M., Rodà, I. coords. (1998): Ciudades Antiguas del Mediterráneo, Barcelona: Lunwerg Editores.

Recursos Web


María Ruiz Vega

domingo, 4 de diciembre de 2016

Selinunte: la colonia griega más occidental de Sicilia

Esta semana trabajaremos la área más occidental de Sicilia. En las sucesivas entradas hablaremos de los diferentes aspectos que caracterizaron a la apoikia de Selinunte, colonia con la que finalizaremos nuestro recorrido por los establecimientos que los griegos realizaron a lo largo de la isla. Dicha apoikia, al igual que Mégara Hiblea, se singulariza por ser una de las colonias griegas mejor conocidas desde el punto de vista urbanístico, ya que arqueológicamente ha sido muy estudiada, lo que la ha convertido en un ejemplo indispensable en lo que se refiere al estudio del periodo arcaico, aspecto que ampliara en su entrada mi compañera María (Menéndez 2003: 55).

Selinunte es la colonia griega más occidental de Sicilia, se encuentra emplazada en el extremo suroeste de la isla, la cual junto a la apoikia de Himera, situada en la costa septentrional, fue uno de los establecimientos griegos más fronterizos del lugar.  La nueva colonia se extendió a lo largo de tres terrazas calcáreas, no muy elevadas. La ciudad ocupó una superficie de alrededor 180 hectáreas, la cual estaba dispuesta perpendicularmente a la costa, que delimitaba la ciudad por el sur junto a la colina de la acrópolis. Por la zona norte estaba limitada por la colina de Manuzza, mientras que por el oeste por el rio Modione (conocido como el rio Selinos) y por el rio Crotone por el este, en cuya desembocadura  había dos grandes bahías que sirvieron como puertos. La zona habitable es la que se corresponde con la parte central entre el espacio acotado por los dos ríos y las dos colinas. También, se expandió hacia el interior a lo largo de la franja costera, donde las colinas se inclinaban hacia una vasta llanura, en donde se estableció la chorai  de Selinunte (Boardman 1975: 191; Cerchiai 2004: 261 – 264; Menéndez 2003: 57).

Localización de Selinunte
(https://www.google.es/maps)
Era un territorio colindante con los élimos, y en el interior con las áreas controladas por los sicanos, los cuales eran los dos pueblos indígenas que habitaban esta área occidental de Sicilia, con los que Selinunte mantuvo relaciones amistosas e intercambios, como demuestra un pacto de epigamia, que autorizaba el matrimonio entre los habitantes de las dos ciudades, aunque asimismo se produjeron etapas de conflicto. Además,  fue una región  que tuvo un estrecho contacto con los territorios fenicios y cartagineses, estas relaciones se caracterizaron por ser cordiales, debido a los intereses económicos que tenían ambas partes. Su posición fronteriza y las buenas relaciones y alianzas que en un primer momento tuvo con los diferentes pueblos fueron la clave de su desarrollo e hicieron que disfrutara de una red comercial, en la que ofrecía a cambio el excedente de producción de cereal de su fértil territorio. Su carácter fronterizo y estratégico en la costa sur de la isla siciliana, fue un aspecto decisivo en la evolución de la apoikia, determinando incluso su destrucción en el 409/8 a.C. a manos del ejército cartaginés  (Cerchiai 2004: 256 -258; Menéndez 2003: 55 - 56).

Seguidamente, la fundación de Selinunte fue el resultado de un acto político que contaba con la aprobación del estado megarense y con el consentimiento de su metrópolis, Mégara Nisea, que fue la encargada de enviar al oikistes, ante la petición de los megarenses de un guía para realizar la expedición, debido a la necesidad de Mégara Hiblea de asignar lotes agrícolas a los aristócratas que carecían de ellos. De esta manera,  el movimiento colonial fue realizado por megarenses  procedentes de la apoikia de Mégara Hibela  junto a un grupo de colonos griegos originarios de la región de Mégara Nisea, los cuales fueron dirigidos a su nuevo territorio, Selinunte, por el oikistes  Pammilos. Además, es una colonia que tomó su nombre de una planta endémica de la zona, el selinos (perejil), vegetal que apareció representado como emblema en las monedas de la ciudad (Boardman 1975: 192; Cerchiai 2004: 256; Domínguez 1989: 362; Guzzo 2011: 188).

Representación del selinos en las monedas de Selinunte
(Boardman 1975: 19)
En cuanto al porque la ciudad de Mégara Hiblea decidió establecerse en un territorio tan alejado del suyo, en la zona más occidental de Sicilia, no es una acción casual. Diversos autores, consideran que fue un hecho generado por las limitaciones que presentaba su región, debido a que era un área limitada por Siracusa en el sur, ciudad que había iniciado su expansión por la zona suroriental, lo que hacía totalmente imposible la creación de un nuevo establecimiento en esta área. En la parte norte estaba limitada por Leontinos y era el lugar donde los calcídicos estaban fundando Himera, cosa que tampoco les permitió a los megarenses fundar su colonia, y la barrera rocosa que circundaba el golfo de Augusta, el cual posiblemente estaba ocupado por poblaciones sículas, son los hechos que impidieron a los megarenses establecer su nueva apoikia cerca de su región, ya que no pudieron extender su territorio hacia el interior (Domínguez 1989: 363). 

En cambio, hay otros especialistas que afirman que los colonos se asentaron en Selinunte, debido a que era una región que cumplía con todo los requisitos necesarios para cubrir las necesidades que presentaba la población megarense, ya que es donde había buenas tierras fértiles, cosa que debió poner fin a la escasez de cultivo que estaba sufriendo la metrópolis. Además, era una región que presentaba otros aspectos favorables para el establecimiento de una población, tanto por el hecho de tener puertos, lo que facilitó las actividades comerciales, como por ocupar un espacio fronterizo que permitió el contacto con otras culturas (Domínguez 1989: 363; Menéndez 2003: 57).


Ubicación de Selinunte respecto a Méggara Hiblea
(Cerchiai 2004: 12)
Por otro lado, en lo que se refiere a la cronología, como es frecuente y se ha podido observar a  lo largo de las entradas anteriores, las fuentes clásicas principales que hacen referencia a las  fundaciones de las colonias no presentan siempre un consenso y el caso de Selinunte no es una excepción, para la que se barajan dos fechas de fundación. Por un lado, Diodoro (XIII, 59, 4) afirma que fue una ciudad  fundada 248 años antes de su conquista por parte de los cartagineses. Es el que establece la cronología alta, datando el origen del asentamiento hacia el 650 a.C. En cambio, Tucídides (VI, 4,2) considera que se erigió por parte de los colonos megarenses 100 años después del establecimiento de Mégara Hiblea, lo que significa que la nueva apoikia presentaría una fecha de fundación entorno al 628-7 a.C. (Domínguez 1989: 361; Menéndez 2003: 56).

Generalmente, la fecha más aceptada por parte de los especialistas que estudian esta colonia es la cronología alta, la presentada por Diodoro, ya que es la que más concuerda con los resultados aportados por las intervenciones arqueológicas, las cuales muestran que el material más antiguo de origen griego recogido en la colonia de Selinunte se data alrededor del 635 a.C., lo que establecería la presencia griega hacia finales del s. VII a.C. (Cerchiai 2004: 256; Domínguez 2001: 20;  Menéndez 2003: 56 -57).

Finalmente, hay que tener en cuenta que la cronología de Diodoro es la fecha más admisible, pero no la aceptada unánimemente, ya que  hay autores que dan por buenas ambas fechas, los cuales justifican que la datación alta, atendiendo a los hallazgos arqueológicos, es la que se correspondería con un fase preliminar de coexistencia entre grupos indígenas y griegos, mientras que la segunda fecha se correspondería con un segundo periodo en el que destacaría el predominio griego y sería el momento de la fundación efectiva del asentamiento. Todos estos planteamientos demuestran la incertidumbre que gira alrededor de esta cuestión, de la que es complicado establecer una resolución definitiva al respecto (Domínguez 1989: 361 – 362; Menéndez 2003: 56 -5).

Bibliografía

Boardman, J. (1975), Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Madrid.

Cerchiai, L.; Jannelli, L.; Longo, F. (2004), The Greek Cities of Magna Graecia and Sicily, Los Ángeles.

Domínguez Monedero, J.A. (1989), La colonización Griega en Sicilia. Griegos, Indígenas y Púnicos en la Sicilia arcaica: Interacción y Aculturación, tomo II, Oxford.

Domínguez Monedero, J.A. (2001), La Polis y la expansión colonial griega (siglos VIII-VI), Madrid.

Guzzo, P.G (2011) Fondazioni greche. L'Italia meridionale e la Sicilia (VIII e VII sec.a.C.). Roma.


Menéndez Varela, L.J. (2003) Consideraciones acerca del origen y la naturaleza de la ciudad planificada en las colonias griegas de Occidente,Oxford.

Recursos digitales

https://www.google.es/maps

Cristina Rubio Vicens 

El santuario de Megara Hiblea, las excavaciones de Paolo Orsi.

Los descubrimientos de esta zona se remontan al 1952, cuando Paolo Orsi comienzan las primeras excavaciones en la que cree es la zona sagrada, el santuario. Se habían realizado escritos sobre esta zona de Megara Hiblea en 1976, pero hasta las publicaciones que realizaría Orsi, las interpretaciones sobre cómo sería el lugar eran bastantes superficiales, de modo que los hallazgos de Orsi permiten proyectar algo más de luz sobre unas exploraciones que hasta ese momento eran muy profundas.
La ubicación del santuario se localizó en la parte occidental de la meseta norte, cerca de las vías de circulación y una fortificación arcaica al oeste, próxima a los límites de la casa del notario Vinci, erigida en 1858. (VV.AA 2004: 303)


·         Las excavaciones del templo A:
Orsi efectuó numerosas campañas en la zona del santuario, estas fueron realizadas desde la primavera de 1917 hasta el 1918-20, redactando tras sus descubrimientos una publicación para Monumenti Antichi en 1921 y que fue publicada en 1922. Orsi distinguió dos estructuras dentro del ya conocido témenos: el templo A colocado al sur y el templo B al norte.
El primer templo, el llamado A, se sitúa a 100 m de la casa Vinci. Las excavaciones llevadas a cabo por Orsi en este momento ya gozaban de un método más elaborado por lo que estas tuvieron unos mejores resultados. De los sondeos llevados a cabo por Orsi se tiene constancia: realizando fosas rectangulares de 5 metros de largo y 2 de ancho, y que orientadas norte-sur, permitieron conocer la localización del templo. El primer sondeo permitió a Orsi conocer el espesor de los muros, el segundo, de sección norte-sur ayuda a conocer las dimensiones de la cella. Fueron constantes los sondeos de realizo Orsi, llegando a un total de 10, reconstruyendo de esta forma los límites del templo y conociendo también el interior de este. (VV. AA 2003: 309-10)
Orsi vio que el templo era de grandes dimensiones (41, 40 x 17,55), con una orientación este-oeste. Una vez en el interior nos encontramos con una nao de (28,40 x 7,75 m), distinguiendo antes de ello la pronaos. A partir de estos datos y los obtenidos durante las simultaneas excavaciones, Orsi restituyo un templo períptero, hexástilo y con 15 columnas, las cuales llegaban a tener un diámetro de 1,40 m. (VV. AA 2004: 310-11), de las cuales no queda ninguna in situ ya que el templo ha sido expuesto a sucesivos expolios.
Orsi también decidió indicar los diferentes elementos recogidos que provenían del recinto y que parece ser eran partes de terracota que decoraban la parte superior del templo y su coronamiento. Entre ellas encontramos:
  • ·         Elementos provenientes de la cornisa.
  • ·         Fragmentos de gárgolas.
  • ·         Fragmentos de animales voladores.
  • ·         Fragmentos de tejas.
  • ·         Fragmentos en los que aparecía una Gorgona.

Pero Orsi tras esa publicación sobre los hallazgos del primer templo, verifica la posible existencia de un templo B en la zona norte del temenos.

·         Las excavaciones del templo B: edicola o templo.
Este templo fue hallado por Orsi al norte del templo A. Este segundo templo, en comparación con el primero que hemos comentado supuso gran cantidad de problemas a las excavaciones de Orsi, ya que en un primer momento esta estructura fue abordada como una edicola, e incluso Orsi como veremos no llego a dejar claras sus hipótesis de si era una edicola o un templo. Orsi llevo a cabo nuevas excavaciones, las cuales empezaron en 1917, en esta primera excavación Orsi encontró un conjunto de bloques, los cuales podían demostrar la existencia de una construcción anexa al templo A. Orsi piensa en primer momento como dijimos en una edicola cuya presencia cercana a este templo se podría deber a que era una habitación para el sacerdote o que tendría la función de un tesauro. En un primer momento desarrollo la primera hipótesis del tamaño del edificio, una estructura colocada perpendicularmente al templo A, con una medida de 20,70 norte sur y 8,60 m este-oeste. (VV.AA 2004: 314)
Orsi en 1921 lleva a cabo nuevas prospecciones en el mismo lugar, llegando al fin a sacar toda la estructura de la planta a la luz, la cual dejo de mostrarse como un edicola sino como un recinto templario, mostrando un interior que comprende pronaos, nao y opistodomos. Aunque esto no quedo del todo claro.
Pero tras el completo descubrimiento del recinto, las hipótesis sobre su forma y espacios interiores se dispararon, sin conseguir llegar a buen puerto en un primer momento. Se pasó de una estructura ligeramente trapezoidal a uno rectangular con un espacio en 1921, dos en 1922 y finalmente 3 en 1954, espacios que fueron comentados por otros excavadores, perturbando así la inicial hipótesis de Orsi de 1921 en la cual argumentaba que se trataba de un templo, algo que decepciono profundamente a Orsi. (VV. AA 2004: 316) Orsi finalmente argumento que esté nuevo material descubierto podía ser perteneciente a la destrucción de nuestro primer recinto completado. Orsi no consiguió demostrar la existencia de un segundo templo, pero con el tiempo su hipótesis parece haber sido permitida y aceptada, permitiendo ver tras las nuevas restructuraciones y hallazgos votivos que si se trataba de un recinto sagrado. (VV. AA 2004: 326-32)

Alejandro Sastre Laso

Bibliografía:

  • ·         VV. AA, Megara Hyblaea 5, La ville archaique, École Française De Rome, Roma, 2004. 

martes, 29 de noviembre de 2016

Megara Hyblea. Una colonia modelo en economía agropecuaria.

En la entrada de esta semana se tratará de mostrar el potencial económico de Megara Hyblea, una modesta colonia en la que, a pesar de los abundantes restos arquitectónicos y urbanos, el estudio de sus actividades y economía ha sido ignorado durante años y se ha descrito vagamente a través de los clásicos. Por desgracia a penas se la puede contextualizar en la geopolítica colonial, algo que intentamos mostrar cada semana, debido a su débil presencia y actividad política en la Sicilia arcaica y el consecuente silencio en las fuentes; pero como veremos los innovadores estudios y análisis para poder comprender como funcionó la economía de Megara Hyblea, especialmente los del doctor Franco De Angelis, resultan de gran interés y ejemplares[1].

Aunque Dominguez- Monedero asegura que Megara Hyblea disponía de un gran territorio fértil disponible, -aunque no llegaran a explotarlo del todo (Dominguez-Monedero 2006, 278-279) esta afirmación no está- para nada evidenciada en los documentos.

De Angelis intenta hacer un profundo estudio de la población y el territorio a través de los restos arqueológicos y de la escasa evidencia literaria conservada respecto a Megara Hyblea. Tan solo la nombran Polyanios y Tucidides, pero quien si nos ofrecerá algo más de información será Estefanos de Bizancio en su “Ethnica”, pero sin poder contextualizar sus fuentes ni base de esta. Viendo esta precaria situación bibliográfica, sin duda alguna, la única fuente útil e interpretable es la arqueología, tal y como hará De Angelis (De Angelis 2003, 75). Una forma de delimitación será a través de restos funerarios y tomando referencia de sus ciudades vecinas, Leontinoi y Siracusa[2]. Esto le llevará a delimitar un territorio de hasta 400 km² de una resaltable riqueza económica como veremos.

Mapa donde se delimita los extensos territorios de Megara Hyblea en base a los estudios de De Angelis (De Angelis 2003, 74)
Curiosamente los primeros indicadores de la presencia griega en la zona están estrechamente relacionados con el inicio de la explotación de las canteras del lugar. El territorio de Megara Hyblea destacó afortunadamente por una importante riqueza cantera[3]. La primera en ser explotada, y una de las más exportadas, fue la roca volcánica, especialmente como bordillos de calle hacia la mitad del siglo VII a.C. (De Angelis 2003, 75) y piedras de molino; algo potenciado por la proximidad de la fuente a la colonia (tan solo 10 kilómetros). Otra de las canteras que dio potencial a Megara Hyblea es la situada en Intagliatella, de piedra caliza blanca, aunque ésta ha desaparecido debido a la expansión industrial actual impidiendo estudios al respecto (algo  ya presentado en la entrada de esta semana de M. Ruiz).

No solo tendría suerte con los recursos geológicos, por su territorio pasaban diversos ríos, destacando el Anapo, que regaban las tierras de Megara Hyblea sin problemas, que combinado con la gran fertilidad de sus tierras volcánicas daban un gran potencial a la producción agraria de la colonia. No hay ninguna evidencia que pruebe cuanta tierra era cultivada por los colonos, pero sí podemos saber mediante los estudios geológicos qué porcentaje de su territorio era cultivable, De Angelis se declina hacia el estudio con un porcentaje más “medio”[4] señalado por Pollastri del 78%. Calculando unas 31.200 hectáreas cultivables y suponiendo 3 o 4 hectáreas por persona para poder abastecerlos,  De Angelis llega a la conclusión de que el territorio de Megara Hyblea podría haber llegado a mantener a una población de hasta 39-52.000 habitantes. Viendo que la ciudad llegó como mínimo a las 2275 personas, se puede afirmar que la ciudad estaba abastecida sin problemas y debió tener un excedente considerable (aunque no toda la tierra cultivable fuera cultivada). Se han conservado cinco grandes silos al norte del ágora que sin duda permitieron guardar enormes cantidades de trigo y sus excedentes (De Angelis 2003, 84-85).

No solo se produciría grano y alimentos, las excavaciones francesas publicadas en 1975 demostraron diversas antiguas plantaciones de vid (De Angelis 2003, 86)

A mediados del siglo VI a.C. comienza a aparecer mármol en los restos arqueológicos, tanto en esculturas, el templo y algunas tumbas (De Angelis 2003, 83). Todo este mármol venia importado desde la isla de Paros y/o Naxos demostrándose así que la ciudad tenía suficiente riqueza como para permitirse esta clase de materiales de importación.

Cerca del ágora de la ciudad se encontró muy probablemente un centro artesanal de metalurgia que produjo buena parte de los materiales metálicos de la colonia. Solo se han encontrado objetos metálicos en contexto funerario, de los estudios de la necrópolis se ha extraído una pequeña variedad de metales siendo el más abundante el bronce, seguido por la plata, el hierro, oro y cobre. Los objetos más comunes en bronce eran elementos de complemento como fíbulas, anillos, collares y botones, aunque también se han encontrado espadas, cuchillos de hierro, puntas de flecha y agujas. La plata y el oro destacarían en pendientes y anillos. De las tumbas documentadas muchos menos de la mitad contienen objetos de metal, esta exclusividad estuvo claramente potenciada al depender Megara Hyblea de la importación de todo tipo de metales de los cuales carecía su rica tierra[5]
  
Se han localizado dos centros de producción cerámica, ambas del s. VI a.C. junto a las murallas de la ciudad. Estarán centrados en la producción de objetos para consumo local como lámparas, vajilla, figuras, etc. Siguiendo un modelo bastante corintio aunque en la última etapa (650-600) producirán simples cerámicas sin decoración.
Figuritas de cerámica producidas localmente en Megara Hyblea
Por los cientos  de pesas de telar encontradas en casas de Megara Hyblea por Villard en 1951 algunos autores han pensado que probablemente fue un importante centro productor de textiles de lana. Sin embargo De Angelis se mantiene escéptico al no haberse publicado ninguna de estas y no haber aparecido pesas de telar en posteriores excavaciones.

Otra supuesta gran producción de Megara Hyblea es la miel, algo extendido por algunas fuentes clásicas y que ha contagiado muchas obras contemporáneas. De hecho Dunbabin (Dunbabin 1968, 221) llega a afirmar que la miel de Megara Hyblea era reconocida como una de las mejores del Mediterráneo, dejándose llevar por los clásicos. De Angelis critica con dureza este comportamiento ya que los yacimientos en la colonia hasta la actualidad no han aportado ni una sola evidencia de una supuesta producción de miel local (De Angelis 2003, 95).

Habiendo visto tan al detalle la producción y economía local es evidente que Megara Hyblea disponía de un gran potencial agropecuario y facilidades para materiales constructivos, pero no alcanzaría un gran desarrollo artesanal y falta de producciones de alto valor comercial como para desarrollar una buena economía incipiente a nivel regional. Prueba de ello es la carencia de una moneda propia (como vimos en otras entradas, como Naxos y Tarento, este es un elemento fundamental para determinar cuándo una colonia tiene una mínima presencia en las redes comerciales mediterráneas), de hecho ni si quiera se observa que utilicen monedas de otras ciudades cercanas.

Sin embargo el hecho de que carezca de moneda o de importantes producciones de mercaderías de alto valor comercial no significa que no participara en el comercio e intercambios en la región o en las redes comerciales mediterráneas. De Angelis resalta que no hubo intercambios con nativos sicilianos de la región ya que la demanda de estos estuvo copada por las producciones leontinas y siracusanas (De Angelis 2003, 88-89). La mayor evidencia de comercio en Megara Hyblea son las importaciones cerámicas y aunque supuestamente se ha extraído numerosos restos de esta De Angelis duda de la calidad de muchas de las publicaciones al respecto, llegando a tildarlas de:

 “much has only been published in cursory fashion” (De Angelis 2002, 89).

Los datos,  aunque reanalizados e interpretados por De Angelis, no aporta mucha novedad, mostrándose unos patrones muy clásicos con clara superioridad de las cerámicas corintia y ática (esta última a finales del s, VI a.C.).
Ejemplo de un aryballoi corintio importado en Megara Hyblea donde están representados Atenea y Hercules (s. VI a.C.)

Nos encontramos por lo tanto ante una colonia modelo en materia de economía y desarrollo agrario, con grandes extensiones de fértil tierra cultivable, un importante abastecimiento de agua y con tierras de pastoreo amplias. Incluso con fuentes de materiales de construcción cercanas y de buena calidad. Por desgracia tuvo un importante déficit de metales y también tuvo que importar el mármol en cuanto comenzó a crecer y querer obtener objetos u edificios de prestigio, limitando así el gran potencial de Megara Hyblea como polis  y ni si quiera pudiendo desarrollar un fuerte artesanado a causa de esas carencias. Sin duda alguna participó en las redes comerciales mediterráneas teniendo intercambios con Etruria, fenicios y sobretodo con la Grecia Continental pero bastante restringidos al intercambio de sus no pocos excedentes agropecuarios a cambio de materiales de prestigio como metales, perfumes y mármol, generándose así una balanza comercial no suficientemente beneficiosa generar riqueza en la colonia.



[1] Un autor que destaca por una gran investigación y calidad de análisis que contrasta notablemente frente al gran vacío bibliográfico y documental que el mismo De Angelis denuncia en su obra.
[2] No lo expondré en esta entrada ya que ocuparía bastante espacio y nos desviaría del objetivo del trabajo, resaltar la economía de Megara Hiblea, sin embargo vale la pena resaltar su interesante estudio reprobado por otros conocidos académicos como Domínguez-Monedero. DOMINGUEZ-MONEDERO (2006): 76-78.
[3] No así mineral, debiendo importarlo como veremos a continuación.
[4] Según las fuertes que aporta, el AHÍ (Admiralty Naval Inteligence Division, Italy) señala que entre un 50-70%; Pollastri 78% y Milone el 95%. DE ANGELIS (2003):81
[5] La plata muy probablemente era importada de la misma Grecia Continental. DE ANGELIS (2003): 84



Bibliografia:

-DE ANGELIS, F. (2003): Megara Hyblaia and Selinous. The Development of Two City-States in Archaic Sicily. Oxford University School of Archaeology, Monograph 55, Oxford.

-DOMINGUEZ-MONEDERO, A. (2006): "Greeks in Sicily", en G.R. Tsetskhladze (ed.) Greek Colonisation. An Account of Greek Colonies and Other Settlements Overseas. Vol. I. Leiden. 253-357.

-DUNDABIN, T.J. (1968): The Western Greeks: The history of Sicily and South Italy from foundational of the Greek colonies to 480 B.C, Oxford Universiy Press, Oxford.


Carlos Palacín Copado.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Arqueología de la Magna Grecia: el extraordinario ejemplo de Mégara Hiblea

Siguiendo la línea de mi compañera Cristina Rubio, que ya expuso los problemas y características de este yacimiento, en esta ocasión vamos a detenernos a explicar la excepcional situación de esta colonia griega. 
Al contrario que en otros ejemplos que ya hemos tratado con anterioridad, como Naxos o Pitecusa, en Mégara Hiblea no se han encontrado evidencias de población indígena preexistente en la zona, según afirman con contundencia algunos autores, como Boardman (1983: 183) o Domínguez Monedero (2006: 276). Este último autor además define el emplazamiento griego como "una pequeña ciudad, emplazada entre dos poderosas vecinas, Leontini al norte y Siracusa al sur" (2006: 276). Sin embargo, arqueológicamente es mucho mejor conocida que otras ciudades más grandes, principalmente gracias a las excavaciones llevadas a cabo en el ágora de la ciudad arcaica; lo que reveló que ya en el s. VIII a.C. se realizó una planificación urbana de la ciudad, -dejando incluso el espacio destinado al ágora-, dividida por calles de 3 metros de ancho en dirección N-S cruzadas por calles transversales que creaban insulae de 25 metros de largo. De esta misma época se han identificado lo que Domínguez Monedero llama orientaciones del plano urbano, y que se interpretan como áreas o parcelas correspondientes a los cinco pueblos (komai) que formaban la polis de Megara Nisea (2006: 277). También a finales del s. VIII a.C. se remontan una serie de depósitos votivos hallados fuera de la trama urbana (Boardman, 1983: 183).
Plano de Mégara Hiblea con el trazado urbano respecto a la topografía circundante. En el mapa además se señalan los depósitos votivos encontrados en la ciudad y sus alrededores, siendo los más antiguos los de finales del s. VIII - principios del s. VII a.C., señalados con un triángulo. Fuente: Domínguez Monedero (2006: 278).

Las casas de esta primera etapa fundacional tienen una sola estancia de 4x4 metros, pero a partir del s. VII a.C. crecieron en tamaño, pasando a tener tres dependencias que conducían a un pequeño patio con pozo (Mayer 1998: 118), aunque respetando la trama urbana preestablecida. Esta va a ser una característica común de la trama urbana de Mégara Hiblea a lo largo de su historia, la gran planificación urbana y diseño de sus estructuras, lo que ha motivado los hallazgos arqueológicos. El espacio destinado al ágora se dispuso en la intersección de dos barrios, en mitad de la altiplanicie norte, y tiene planta trapezoidal debido a la orientación de los barrios circundantes. Al oeste y al norte tenía contiguos dos pórticos, y cerraban el espacio con los monumentos públicos (como el heróon o el ptrinaeo) al este y los templos al sur. 

Vista aérea del yacimiento en la actualidad. A la derecha se observa el plano de los restos arqueológicos en el entorno más inmediato y en relación la costa. En la imagen de la izquierda se aprecia perfectamente el trazado urbano y la gran planificación inherente. Se pueden reconstruir las calles, los barrios e incluso el ágora, en la parte más septentrional de la ciudad, con esa planta trapezoidal para adaptarse a la configuración urbana. Fuente: Google Earth.

Mégara Hiblea tenía dos accesos principales, que suponían una continuación de la ruta que recorría la costa N-S, y que probablemente conectara con las importantes ciudades vecinas -al norte con Leontini y al sur con Siracusa- (Mayer, 1998: 118). Un tercer acceso se abría en el oeste para dar acceso a las canteras orientadas en esa dirección, y además se presupone la presencia de al menos 4 puertas más, aunque las pruebas arqueológicas aún no son concluyentes (Gras et alii, 2004: 529).
Las estructuras artesanales han provocado un debate acerca de su carácter público/privado, pero parece evidente que un cierto control por parte de la ciudad debía existir. Ya que el trabajo artesano conllevaba un prestigio social elevado, el establecimiento en la ciudad debía combinar el sentido práctico (ya que las artesanías podían ser molestas o incómodas) y el social (prestigio). 



Imagen: excavaciones realizadas en el ágora. En verde se representan las zonas que no han sido excavadas, en naranja las zonas en las que los niveles arcaicos han sido destruidos o cubiertos por niveles helenísticos, y en negro las casas de finales del s. VIII a.C. (Gras et alii, 2004: 570).









La ciudad contaba con un buen sistema defensivo, compuesto por un terraplén oeste (estudiado entre otros por Cavallari y Orsi), una fortificación norte para proteger la puerta de entrada a la ciudad y por lo tanto, uno de sus puntos débiles; y estructuras defensivas en la meseta sur. El conocimiento sobre la protección de la ciudad deriva de las excavaciones realizadas desde principios del s. XX por Paolo Orsi, Cavallari y la Escuela Francesa, pero existen problemas intrínsecos a la hora de abordar el estudio: las estructuras de la meseta sur están muy mal conservadas, aunque conservan una estratigrafía relativamente buena; mientras que al oeste y al norte las estructuras se conservan mejor, aunque las estratigrafías se han perdido. Otro de los problemas del estudio del sistema defensivo radica en que, debido a los problemas anteriormente mencionados, es difícil datar los restos, si corresponden a época arcaica o helenística (Gras et alii, 2004: 292). 
Izquierda: planimetría del recinto oeste según los dibujos de Cavallari de 1892 (Gras et alii, 2004: 240). Derecha: reconstrucción hipotética del recinto defensivo oeste, basado en un terraplén forrado por un muro de sillares. A la derecha, reconstrucción del primitivo muro arcaico con terraplén (Gras et alii, 2004: 246).


Ejemplo de piedra calcárea
Respecto a las técnicas constructivas, la más habitual en el mundo griego es la fabricación de ladrillos de arcilla con los que construir las estructuras, pero el caso de Mégara Hiblea es excepcional, ya que apenas se ha empleado esta técnica en zonas esporádicas del ágora y en la fortificación sur. Por su parte, la piedra utiliza es la calcárea local, retirada de la meseta, y fue empleada para los muros de las casas arcaicas, el paramento de la primera muralla y para el agger primitivo de la meseta sur. Pero también puede encontrarse espontáneamente en los suelos de las calles, caminos y casas, gracias a su característico color amarillo. Por su parte, los sillares provienen de las canteras situadas a unos kilómetros de la ciudad, en la Intagliata (Gras et alii, 2004: 460).La población, que es en realidad el objeto de estudio de la Arqueología, aunque de forma indirecta a través de los restos materiales que dejan las actividades humanas, es muy abundante desde los primeros momentos de habitación, como demuestra la cerámica encontrada en los niveles del s. VII a.C.; que además demuestra que no es una población itinerante, sino fija (Gras et alii, 2004: 569). Dentro de estos habitantes, parece claro que la sociedad megariense nunca fue igualitaria, aunque no puede hablarse exactamente de la existencia de "barrios ricos y barrios pobres", sino de una élite aristocrática conocida gracias a los enterramientos de la necrópolis occidental, donde aparecen más elementos de prestigio que en la necrópolis meridional (Gras et alii, 2004: 584). 

Imagen en la que se muestra la planimetría de la ciudad, con las diferentes calles y ejes de circulación, así como  los puntos de acceso a la ciudad. En verde se representa el recinto defensivo, con las puertas seguras en color rojo y las probables con puntos amarillos. Las líneas continuas que forman la trama interior son las calles atestiguadas, mientras que las intermitentes son aquellas restituidas o que se presupone que existían (Gras et alii, 2004: 529).
En relación al fin de la ciudad, existe debate acerca de si vino de la mano de un abandono natural o fue consecuencia de la actividad destructiva de Gelón de Siracusa. Tampoco las fuentes ayudan a esclarecer los sucesos que pusieron fin a la vida de Mégara Hiblea, puesto que dan versiones que no concuerdan con la realidad arqueológica. Además, algunos investigadores recomiendan consultar las fuentes a posteriori, con el fin de evitar una metodología más parecida a la Arqueología Filológica. Sin embargo, la hipótesis más que parece cobrar más fuerza es que en realidad la ciudad fue abandonada, y fue eso lo que provocó su "muerte", y no la acción destructiva y el fuego de los soldados de Gelón, ya que no se ha encontrado nivel de incendio que pueda confirmar dicha perspectiva (Gras et alii, 2004: 8).

Bibliografía

-Boardman, J. (1983): Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica,Madrid: Alianza Editorial.

-Domínguez Monedero (2006): "Greeks in Sicily", Greek Colonisation. An account of greek colonies and other settlements overseas, vol. 1, pp. 253-259.

-Gras, M. et alii (2004): Mégara Hyblaea 5. La Ville Archaïque, Roma: Escuela Francesa de Roma.

-Mayer, M., Rodà, I. coords. (1998): Ciudades Antiguas del Mediterráneo, Barcelona: Lunwerg Editores.

María Ruiz Vega